¿Un nuevo shock? Mercados, industria y pandemia

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Por Juanan Geraldes

En la primera etapa de la expansión capitalista el colonialismo aportó ese tipo de crecimiento feroz “descubriendo” nuevos territorios y apoderándose de tierras sin pagar por ellas para luego extraer sus riquezas sin compensar a la población local. La guerra que Friedman había declarado contra el “Estado del bienestar” y el “gran gobierno” prometía un nuevo frente de rápido enriquecimiento, sólo que esta vez en lugar de conquistar nuevos territorios la nueva frontera sería el propio Estado, con sus servicios públicos y otros activos subastados por mucho menos dinero del que realmente valían.”

La Doctrina de Shock, El auge del capitalismo del desastre. Naomi Klein

Hace ya 13 años que Naomi Klein publicó La Doctrina de Shock, una explicación casi novelada del capitalismo del desastre de nuestros días. Ligera en las formas, contundente en lo explicado, es una de las obras divulgativas más impresionantes que explica cómo funciona la relación entre grandes corporaciones, Estados y las herramientas generadoras de opinión, siempre en una lógica redistributiva de abajo arriba.

Para aquellos que la hemos leído, los cambios acelerados e inesperados en la economía, la geopolítica o las relaciones sociales nos ponen en alerta ante la posibilidad de que se produzca un nuevo shock, de que permita un avance en la tríada neoliberal de privatizaciones/externalizaciones, desregulación y recortes en servicios públicos. Objetivamente la pandemia global en la que vivimos se muestra a todas luces como un escenario propicio para ello, para la llamada acumulación por desposesión ¿Tenemos encima a los grandes fondos desarrollando su plan?

En abril de este año, Luis Flores de la Comisión de Antiglobalización de Ecologistas en Acción publicó un artículo en El Salto donde defendía este posicionamiento[i]. Allí escribía, entre otras cosas, sobre el recurso al Quantitative Easing, una fórmula que permite crear dinero pero que en lugar de hacerlo mediante el mecanismo clásico de deuda pública -con lo que el Estado puede decidir qué hacer con ese dinero-, lo que hacen es inyectar liquidez a los inversores. La extrema financiarización de la economía y la búsqueda cada vez más ansiosa de rentabilidad han empujado a servicios públicos bajo formas público-privadas “encaminadas [a] ser empaquetados y vendidos a grandes inversores”. Las dificultades para encontrar ‘rendimiento’ financiero era tan acusada que “se multiplicaron los unicornios de internet, empresas que alcanzan la barrera de 1.000 millones de dólares de valoración sin haber llegado en muchos casos a generar beneficios”.

En esta misma línea y en respuesta a nuestras preguntas, Yago Álvarez Barba economista y coordinador de economía en El Salto nos dice que “cada crisis es una oportunidad para aplicar el shock y hablo de aplicar porque no es algo caído del cielo, como dice Susan George es un plan y se llama neoliberalismo. Una oportunidad para aquellos que controlan la economía, y saben que vendrá otra nueva crisis, y lo saben bastante antes de que nos lo digan los medios`[…] cada crisis sirve para que nos acostumbremos más a la precariedad, para que asumamos los mantras de que lo privado ha de funcionar siempre mejor que lo público, que para salir de la crisis los estados han de ingresar menos, han de bajar impuestos y reducir gasto.”

La pandemia ha sido un acelerador de una serie de elementos que ya estaban presentes en la economía y que no se han corregido en el período entre la Gran Recesión y la crisis derivada de la Pandemia. De hecho, en palabras del mismo Yago Álvarez, “sufrimos una década perdida para la economía europea, la que más a rajatabla ha seguido las políticas de austeridad”. Resumiendo: recortes en lo público y torrentes de liquidez para los captadores de renta, a lo que añade “el covid ha sido una excusa para un sistema enfermo, el sistema ya era muy débil de por sí y en cualquier momento pasaría algo”. Esta opinión era relativamente compartida, en agosto de 2019, El País hablaba de una desaceleración más intensa en el crecimiento del PIB español[ii]. También planeaba el miedo a la subida de los tipos de interés, algo que podía provocar que las compañías zombis (que se mantenían gracias a los bajísimos tipos de interés de manera prolongada en el tiempo) cayeran y arrastraran al resto de la economía, como decía Henri Wilno en un artículo publicado en Viento Sur.

La respuesta europea ha sido según Álvarez que “Dragui y Lagarde, han aumentado el QE, lo han estirado, pero aun así vemos que no funciona, ayer mismo (en referencia al 13 de octubre) los mercados lanzaron otro aviso, las bolsas están bajando esta semana, los mercados dan otro aviso al BCE, ‘nos has de dar más dinero’. Esta crisis es un nuevo shock en la economía, así que si nada cambia se nos aplicarán las mismas políticas y ganarán los mismos de la mano de la tríada de políticas neoliberales”.

 

Un panorama oscuro, en el que los datos oficiales a veces camuflan realidades más peligrosas. Este es el caso del paro entre los menores de 30 años, si bien el porcentaje de parados en esta franja de edad todavía se mantiene lejos del alcanzado en el pico de la anterior crisis, se da una situación en la que cada vez más jóvenes de esa edad renuncian a buscar empleo, tal y como explica Albert Recio[iii]. Las políticas de choque de la primera oleada han suavizado el impacto sobre el empleo, no obstante, al fenómeno de las empresas zombi deberemos añadir aquellas empresas que han conseguido créditos avalados por el ICO y que mal que bien les ha permitido aguantar esta primera oleada. Con toda seguridad muchas no podrán aguantar nuevos confinamientos o unos niveles de facturación muy por debajo de lo habitual.

Al mismo tiempo, la aceleración de los cierres industriales nos retrotrae a la desindustrialización de los 80, la concentración bancaria o las condiciones del paquete de ayudas de la UE son realidades para tomar en cuenta en cualquier proyección a futuro. En palabras del economista Yago Álvarez, “la concentración bancaria con el caso de Bankia, Banco Sabadell y alguno más que veremos en los próximos meses, son señales de una concentración del poder. Europa ya se salta a la torera los dogmas de la libre competencia y esto ha pasado a un plano de guerra geopolítica a nivel internacional, las grandes potencias promueven los llamados Big Players, los grandes jugadores en ciertas industrias. Ya no vale con tener un sistema financiero muy competitivo entre ellos que ofrece bonos a los clientes. Europa quiere tener grandes bancos que puedan competir con los grandes bancos estadounidenses y asiáticos, especialmente China ahora mismo, también con japoneses o árabes”. Lo que nos recuerda a lo escrito por P. Sweezy y P. Baran en su obra El Capital Monopolista: “bajo el capitalismo la forma superior de éxito es la prosperidad de los negocios, y bajo el capitalismo monopolista la forma superior de los negocios es la gran empresa”. Bajo el capitalismo actual la fórmula parece la de la absorción de liquidez por parte de la plutonomy.

Dejando de lado el uso del excedente y las riadas de dinero que van a parar a esa plutonomía o plutocracia, no deja de ser interesante la coordinación entre las élites empresariales, estatales y supraestatales. No se trata sólo de un ejercicio de concentración empresarial en este caso en el sector financiero, se trata de una estrategia empresarial apoyada (y financiada en buena parte) con los recursos estatales en un plano de confrontación geopolítica global, a lo que Álvarez añade “la concentración bancaria se inició en 2008 y ahora han visto otra oportunidad para colarse por la puerta de atrás. Es ridículo escuchar a De Guindos o Hernández de Cos del Banco de España diciendo: sí ahora concentramos los bancos y nuestro sistema financiero queda limpio. Como si fuera a solucionar algo”

En cuanto al impacto en la industria, preguntando al secretario de política sectorial i sostenibilidad de CCOO de Catalunya, Carlos del Barrio, sobre la situación actual, recalca que la actual coyuntura acelera la necesidad de adaptación “a la que la industria debe adaptarse a la nueva realidad climática, a la descarbonización del planeta, a los nuevos modelos de negocio industriales y sus tendencias, y al proceso de digitalización de la industria y la economía en general […] las empresas que estos días intentan navegar en las dos grandes transiciones (ecológica y de digitalización) cuando han visto amenazados sus modelos de negocio, han decidido optar por la relocalización y la concentración de las partes más rentables de su negocio en los estados donde tienen sede las marcas”. No es un proceso nuevo, más bien un proceso recurrente en los últimos 40 años y que han llevado al desempleo a miles de personas y nos han hecho más dependientes del exterior.

En un plano más general, Álvarez nos dice que “frente a los cierres Industriales no soy partidario de que se tengan que salvar todas las industrias y empresas solamente porque crean empleo, para eso está la transformación económica. El New Green Deal y la mejora tecnológica son las dos vías por las que ha tirado Europa, hay dudas sobre eso. ¿Estamos hablando, de subvencionar a grandes empresas que tienen el potencial de hacer grandes proyectos, o de líneas de financiación directas o formación? El estado debe impulsar las industrias, incluso creándolas, no solo doy un préstamo o hago un polígono industrial, debería hacer lo que propone Maria Mazzuccato, el estado emprendedor, el estado crea una industria, la impulsa con recursos y que esa industria vaya haciendo crecer más industria a su alrededor, se creen subsidiarias y una competencia a partir de ahí, que se cree empleo, etc”.

Y sobre el caso concreto de Nissan opina que “la propuesta de Anticapitalistas hace dos meses: ¿Nissan se quiere ir? Muy bien, la compramos, compramos la patente de una moto eléctrica, una patente de un coche eléctrico y una patente de un camioncito eléctrico y que todos los vehículos del estado públicos que los haga esa nueva empresa española de vehículos, claro tú haces eso y a Bruselas le estalla la cabeza y pide que te corten la tuya”.

Esto último es un punto cercano con la línea que nos explica Carlos del Barrio sobre el papel de las administraciones. Para él “llevan años de retraso con las políticas industriales. España venía de tener un ministro de industria que decía aquello de que la mejor política industrial es aquella que no se hace, después vino el Aznarismo que vendió parte importante de las empresas públicas del país, algunas de ellas industriales como Endesa, que además pasa a manos de una empresa con participación pública, pero italiana”. La venta del patrimonio público ha ido acompañada de la sistemática amenaza frente a la posible pérdida de puestos de trabajo “las industrias acudían a la administración en momentos de “vacas flacas” para decirles que o les inyectaban dinero, o habría despidos. En realidad, acabaron despidiendo incluso después de recibir dinero” se lamenta el sindicalista.

El Estado como ente y el Gobierno como dirigente, esa parece ser la clave para una propuesta de reorganización económica en un momento como el actual. Del Barrio comenta que “países como Alemania o Francia han inyectado dinero en empresas como Lufthansa o Air France, además de que ambos tienen participación pública en varias industrias como las de la automoción” es obvio que estas empresas representan uno de los retos para la transformación verde, aunque al “representar un ejercicio de democracia económica por la vía de que los trabajadores y su representación legal tengan voz en las compañías” podría ayudar a dar estabilidad a las y los trabajadores delante del escenario de transformación económica inaplazable.

El sindicalista añade la necesidad de que el Estado se ponga al frente de al menos algunos grandes sectores estratégicos: energía, movilidad, automoción e infraestructuras. Así como a poner fin a déficits propios de Catalunya, por ejemplo, en energías renovables “la falta de inversión en generación renovable es todavía más notoria, hecho que ha relegado a Catalunya a los últimos puestos de las regiones europeas en transición energética. El Estado debería concentrar recursos en la transformación integral del sector de la energía, empezando por una nueva regulación del sector eléctrico”.

A este análisis de coyuntura al que deberíamos añadir la previsión del FMI para España, con una contracción del 12,8% del PIB, la peor de entre todas las economías avanzadas. También el mayor aumento de deuda de la historia, con 23 puntos sobre el PIB. Pero cabe añadir el paquete de ayudas llamado Next Generation EU. Aquí entra la política de lleno y debería entrar el debate público sobre el uso de estos fondos. La carrera ya ha empezado, Foment del Treball lleva desde el verano asesorando a empresas para la participar en el reparto de fondos. También la carrera entre los Estados por poner en duda la capacidad de España de gestionar los fondos a recibir, para lo que se apoyan en que tan sólo el 35% de los fondos solicitados hasta finales de 2019 se habían validado, por lo que gestionar una cantidad cuatro veces superior plantea todavía más incertidumbres. Incertidumbres claro está en informes de Esade que proponen la “profesionalización” de su gestión, véase la externalización a consultoras privadas.

La política del Estado no puede ser únicamente la de esperar que las empresas compitan y consigan parte de esos recursos, tampoco creo que sea algo a gestionar únicamente por el Gobierno de España o por el contrario que se deba dividir en 17 partes para que cada autonomía haga lo que crea. La Generalitat de Catalunya ha de participar activamente en el reparto apostando por proyectos que maximicen la creación de puestos de trabajo y el futuro de los mismos, de la misma manera que el gobierno central y el resto de las autonomías y para ello se han de crear espacios en los que las partes puedan participar y hacer partícipes en la medida que se pueda de la utilización de los fondos. No se trata de dar más subvenciones a empresas ya económicamente viables para que hagan lo que ya hace tiempo que deberían haber hecho, se trata de asegurar un mayor bienestar y seguridad económica a la ciudadanía que bastante ha sufrido la precariedad.

No es ni mucho menos una situación fácil, pero algo que hemos visto en la historia es que los grandes cambios permiten avanzar o retroceder, así ocurrió con la victoria popular y antifascista en la Europa occidental, donde se forzó la creación de estados del bienestar y a la universalización de los derechos colectivos. Para hacer frente a los retos ecológicos, sociales y económicos, hay una herramienta que aparece por encima del resto, el Estado.

Un Estado que como hemos visto ha de ser emprendedor y ha de regular. Yago Álvarez acaba nuestra comunicación con un mensaje claro, “para ir al pleno empleo, más allá de la política industrial, es necesaria la reducción de la jornada laboral y la repartición del empleo, sin olvidar invertir en la creación de empleo en cosas que hemos visto tan necesarias como empresas de cuidados desde lo público”. Lo que aquí se ha apuntado a varias voces es más fácil de escribir que de hacer, el campo de lo económico determina el resto de los campos sociales, pero siempre hay un margen para el campo de la lucha de clases, es decir, el campo de la política y esta ha de apretar hacia un rumbo de bienestar colectivo. Es en este campo en el que hay que tejer amplias alianzas en Catalunya, España y Europa que sean capaces de darnos seguridad, que como dice Maquiavelo es a lo más que suelen aspirar los humildes, y soberanía para poder decidir nuestros futuros.

 

[i]  Covid19 y la doctrina del shock en los mercados financieros, abril 2020.

[ii]  España empieza a acusar los vientos en contra de la economía mundial. El País, 25 agosto 2019.

[iii] El paro juvenil se dispara de nuevo, Alternativas Económicas. https://alternativaseconomicas.coop/articulo/analisis-de-coyuntura/el-paro-juvenil-se-dispara-de-nuevo

 

 

 

 

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