Vicent Flor: “Pensar que copiar el modelo centralista español y aplicarlo en la Generalitat Valenciana iba a funcionar es un error”

Por Xavier Calafat i Xavier Granell

En català

 

Sociólogo de formación, Vicent Flor es actualmente el presidente de la Institució Alfons el Magnànim. Es un intelectual consolidado en los estudios sobre la identidad valenciana, el nacionalismo y el blaverismo, y ha publicado obras Noves glòries a Espanya. Anticatalanisme i identitat valenciana (Afers, 2011), Societat Anònima. Els valencians, els diners i la política (Afers, 2015) o, recientemente, Nosaltres som el València. Futbol, poder i identitats (Afers, 2020). Le estamos profundamente agradecidos para compartir tanto su tiempo como su conocimiento con nosotros, y por su infinita paciencia.

Has definido el blaverismo no tanto como un elemento coyuntural, sino estructural del sistema político valenciano. ¿Qué quieres señalar con esta diferencia?

Que no depende solo de contextos electorales o políticos. Quiero decir, que el anticatalanismo es una ideología que condiciona los discursos hegemónicos en la sociedad valenciana, en mayor o menor medida. Hay síntomas que demuestran que este es un elemento que todavía está en la sociedad valenciana: la dificultad de construir un espacio comunicativo en todos los territorios de habla catalana (concretamente con los medios públicos, pero no solo) o que la Generalitat Valenciana del gobierno del Botánico no esté en el Instituto Ramon Llull, además de otros factores actuales como quizás el proceso independentista en Cataluña y los efectos que ha generado… Pero creo que el anticatalanismo es un elemento que no es producto de un periodo histórico concreto, sino que como mínimo desde la Transición condiciona y explica, en parte, la política valenciana. De hecho, sin esto no podríamos entender la sociedad y la política valencianas.

El éxito del anticatalanismo en el País Valenciano muchas veces se ha explicado por la capacidad de manipulación de ciertos medios de comunicación, el papel de las élites económicas y políticas, etc. ¿Qué críticas harías a este planteamiento y qué explicación darías a su éxito?

Cuando yo empecé la investigación, nos encontramos con unas explicaciones demasiado simplistas, a parecer mío: nos decían una cosa así como que cuatro tías Marías blaveres y cuatro fachas habían conseguido la hegemonía en el País Valenciano. Era un discurso que no acababa de cuadrar. ¿Cómo era posible que esas personas tuvieron tanto de poder? Existían también otros explicaciones que decían que la clave era que Xavier Casp y Miquel Adlert cambiaron de bando. ¿Realmente estas personas tenían tanto de poder para transformar la sociedad valenciana? Tampoco acababa de cuadrarme que todos los regionalistas anticatalanistas fueran fascistas. ¿Realmente todas las personas que votaban a Unión Valenciana eran fascistas?

Yo creo más bien que probablemente estábamos ante un populismo conservador, con conexiones con la ultraderecha ciertamente, pero que propiamente no lo era.

Entonces, me dediqué a estudiar sobre todo su discurso y parte de su estructura social. Todavía tenemos lagunas, porque tenemos información cuantitativa escasa (no sabemos cuántos son o cuántos han sido con exactitud), pero intenté ver como se habían reproducido, qué instituciones había detrás, qué apoyos tenían, etc. Me pareció que, si la derecha política española en el País Valenciano usaba ese discurso y, inversamente, el centro-izquierda valenciano encarnado sobre todo en el PSOE lo trataba con mucha cautela, era una muestra de la potencia social que tenía este movimiento, cuando almenos, en el área metropolitana de València (que engloba, números redondos, de 1 a cada 3 ciudadanos de este país, así que nos estamos refiriendo a bastante gente).

A partir de aquí, intenté hacer mi aportación en función de lo que estaba viendo y no tanto en función de mi ideología política. Es decir, era un intento de hacer una sociología comprensiva que diría Max Weber, y explicar qué es lo que teníamos delante y como es posible, si realmente era un fenómeno antiintelectualista, etc. Ahora, a partir de la popularización de los estudios sobre el populismo, está más aceptado el término (incluso se dice populismo a demasiadas cosas) pero en aquel momento costaba entender que en el País Valenciano habíamos tenido un populismo autóctono, porque había muchas explicaciones en que se decía que el País Valenciano era una excepción en toda Europa occidental. No, el País Valenciano no es ninguna excepción, tiene singularidades de formas sociales, pero responde a determinadas cuestiones. Lo que nos encontramos en el proceso de finales de los 70 es: una crisis política producto del cambio de régimen, una crisis económica y una crisis social, de valores (aquí llegan un poco más tarde las influencias de Mayo del 68 francés). Todo esto genera inquietudes en muchos grupos sociales que el populismo puede canalizar. Esto ha pasado en muchos lugares de Europa, por lo tanto, el País Valenciano no era tan singular, era una reacción lógica. Desde mi punto de vista, esto también nos indicaba que la propuesta valencianista fusteriana tenía la penetración social que tenía, que era importante, pero no era tan absolutamente hegemónica, porque, si no, no hubiera pasado lo que pasó.

Vamos a trasladarte dos citas que nos gustaría que comentaras. La primera es sobre la autonomía del País Valenciano y el 9 de octubre de 1977, y la segunda sobre la demanda de autogobierno durante la transición y el desplazamiento de estas demandas al producirse la Batalla de València:

  • Primera cita: “El día 9 de octubre de 1977 fue la apoteosis y el canto de cisne del fusterianismo político. Aquella manifestación no era digerible en Madrid puesto que complicaba extraordinariamente el mapa del Estado Autonómico que se estaba pensando. Si una autonomía ancha y rápida en Murcia, Extremadura o la Mancha poco alteraba las cosas, València muy bien valía una guerra.” (De impura natione, Eduard Mira i Damià Mollà).

Bien, yo discrepo de varias cuestiones de ese ensayo, pero quizás de esa frase no del todo. Realmente era una cuestión bastante simple. Si tú miras demográficamente, el País Valenciano es la cuarta comunidad autónoma más poblada, el 10% de la población y con un PIB importante. Por lo tanto, el peso demográfico y económico no era comparable al de Murcia (lo digo con todos los respetos). En algún libro he contestado a Joan Romero, cuando él dice que el País Valenciano no es el País Vasco o Cataluña, con el cual estoy totalmente de acuerdo, es obvio. Pero a veces nos olvidamos que el País Valenciano tampoco es Murcia o la Rioja. Esto con independencia de las posiciones que tengamos cada uno.

El País Valenciano, como mínimo, tiene una minoría nacionalista o nacional que tiene cierta influencia y tiene debates identitarios que no tienen Murcia o la Rioja. Entonces, es posible que, a la luz de los datos que tenemos, esto pudiera preocupar a Madrid por la emergencia de otro frente. A pesar de que de momento solo podemos especular, sí que tenemos algunas indicaciones. El problema de esas afirmaciones es que hay que demostrarlas y yo no estoy en condiciones de hacerlo. Nos hacen falta historiadores que vuelven de nuevo a los documentos y que indican si había cierta conexión entre las élites madrileñas y valencianas para parar un proceso que no era solo nacional, sino que también implicaba el eje izquierda-derecha (y las fuerzas a la izquierda ganaron las primeras elecciones democráticas). Esto parece que no interesaba a la UCD.

  • Segunda cita: “El PSOE-PV decidiría entre finales de 1977 y principios de 1978 avanzar de manera decidida hacia el autogobierno, intentando situarse a la cabeza de aquellas demandas. No hay que olvidar que en junio de 1978 culminaría lo proceso de integración del socialismo valencianista, que no haría sino reforzar este carácter. Pero poco duraría este impulso. El consenso pronto comenzó a desaparecer en la sociedad valenciana, y los problemas identitarios alcanzaron una virulencia extraordinaria y poco común en otros territorios, dando lugar a la llamada Batalla de València, en la que la cuestión de los símbolos fue instrumentalizada miedo lo anticatalanismo” (“Por un País Valenciano libre, autónomo y socialista. El PSOE y la identidad valenciana (1974-1978)”, Vega Rodríguez-Flores).

Vega es una magnífica historiadora y, además, tiene una ventaja respecto a mí y la gente de mi generación: que ella no ha vivido la transición. Yo, por mi edad, a pesar de que nací en 71, soy hijo de las consecuencias de ese proceso político. Por lo tanto, ella va a las fuentes y lo hace muy bien, y esto es una de las cosas que pasó: el sistema de partidos políticos no fue en consonancia con esa idea fusteriana aparentemente triunfante, sino que en los partidos estatales, en los de derecha pero también en el PSOE y en el PCE, ganan los sectores nacionalistas españoles o, si queréis, no-nacionalistas valencianos. Así que el proceso de negociación del Estatuto se hace sin partidos valencianistas, y esto condiciona la política valenciana.

Lo  que pensaban algunos, como algún compañero sociólogo como Josep Picó —en alguna cita que también he criticado mucho—, era que el valencianismo político no tendría ninguna posibilidad de salir adelante. Esto se ha visto que tampoco es cierto: el valencianismo político es un agente, tal vez minoritario, pero importando en la sociedad valenciana, pero en esa coyuntura fueron desterrados y esto explica parte del resultado del proceso autonómico.

Creemos que sería interesante poder hacer un balance de la última década que hemos vivido a partir de diferentes ejes.

  • Primer eje. Hegemonía y anticatalanismo. ¿Se ha roto la hegemonía política y social del anticatalanismo?

A mí me gustaría mucho, pero como investigador tengo que ser más cauteloso. Es evidente que ahora mismo no gobiernan partidos que sean propiamente anticatalanistas, a pesar de que lo tendríamos que matizar. Por ejemplo, con el PSPV, probablemente tenemos ahora un presidente de la Generalitat que tiene una sensibilidad que no sé hasta qué punto es mayoritaria dentro de su partido. Lo cierto es que el anticatalanismo forma parte del sistema, así que, por ejemplo, es paradigmático que en Compromís no se les haya ocurrido hacer una campaña de símbolos (tampoco digo que sea necesario hacerla), como retomar el término de “País Valenciano” como oficial, por no decir otro tipo de símbolos. De hecho, incluso han sido muy cautelosos con estas cuestiones.

En todo caso, todo esto me hace pensar que estamos entrando en un periodo de cierta normalización, pero yo no puedo afirmar que el anticatalanismo haya desaparecido o no sea aun un elemento fundamental para entender la política valenciana.

  • Segundo eje. Valencianismo y Compromís. ¿Qué factores explican el crecimiento electoral de Compromís en el País Valenciano y la revalidación del gobierno municipal de la ciudad de València en un momento de claro reflujo otras fuerzas políticas? ¿Podemos hablar de un nuevo valencianismo?

Es una pregunta difícil. Solo puedo hacer unas conclusiones muy provisionales. De entrada diríamos que Compromís es una fórmula, podríamos decir, de un valencianismo político más flexible y menos doctrinario, con cierta diversidad y que responde a un éxito electoral en una coyuntura muy concreta, que es la crisis de 2011 en que el PP, a pesar de obtener unos resultados espectaculares, entrará en una fase decreciente, puesto que la crisis económica ha sido de tanta potencia que finalmente, en 2015, se traducirá electoralmente en un cambio político. Aun así, haríamos bien de no olvidar que la derecha de este país, sumándola, todavía conserva entre el 45 y el 50% de los votos válidos emitidos. Por lo tanto, allí sí que ha habido una irrupción de una fuerza que, en principio, condiciona el sistema político valenciano hasta el extremo que sin ellos no se puede gobernar. Pero es pronto, sinceramente, para ver la evolución del valencianismo político en una coyuntura tan concreta, es decir, está para ver si la experiencia de gobierno beneficia o no y en qué medida beneficia, porque en las últimas elecciones hay una pequeña pérdida de votos y tendremos que ver como se consolida este espacio. Los éxitos de 2015 se pueden explicar básicamente por la coyuntura de crisis brutal que hizo que el discurso del regionalismo que se hacía desde el Cap i Casal fuera absolutamente inverosímil. Todo aquello de “hemos puesto en València en el mapa” no tenía ningún sentido cuando los indicadores socioeconómicos estaban peor que la media española (que ya era decir, porque la media española estaba muy por debajo de la media europea occidental). Después tenemos a un PSPV muy poco atractivo por los nuevos grupos sociales: no olvidamos que, a pesar de que en 2015 el PSPV se hace con la presidencia de la Generalitat, obtiene los peores resultados electorales de su historia en unas elecciones autonómicas desde el año 83, desde que tenemos serie histórica. Estos son dos elementos a tener en cuenta.

Por otro lado, tenemos la figura de Joan Ribó, que ha generado la imagen de ser una persona sensata y un buen gestor, independientemente de las opiniones que se tengan. En este sentido, podemos ver como esto ha cuajado, porque como bien decíais, en 2019 se revalida la alcaldía de València y, además, se mejoran los resultados. Una situación que también estaba influenciada o producida por el recuerdo del liderazgo de Rita Barberà, que había decaído muchísimo. El hecho que Rita hiciera su último discurso de la Crida, un acto muy importante por una buena parte de esta ciudad, borracha, fue un golpe muy importante que creo que también tuvo consecuencias electorales.

Con todo, quiero recordar que tanto en 2015 como en 2019, la cosa entre el bloque de izquierda y el bloque de derecha ha estado de un regidor, así que esa correlación de fuerzas tampoco se ha cambiado. En la ciudad de València, nos gusto o no (y a mí, personalmente y como ciudadano, no me gusta), la derecha regionalista y españolista tiene una fuerza muy importante todavía. Es decir, que a pesar de que se hayan dado una serie de circunstancias y equilibrios que han hecho posible un cambio político, creo que no se ha producido una inversión de los valores hegemónicos.

  • Tercer eje. Federalismo y PSPV-PSOE. Creus que en el discurso de Ximo Puig que estamos viendo últimamente se puede apreciar un giro hacia el federalismo del PSPV? (hagamos referencia a frases como: “Lealtad no es sumisión” o “Madrid es una gran aspiradora que absorbe recursos, población y redes de influencia”).

Yo creo que es indudable que Ximo Puig ha asumido una parte del discurso del valencianismo histórico, pero está en un partido y en una estructura política que en este tema tiene muchas contradicciones. Por ejemplo, la Consejera de Justicia de su partido, Gabriela Bravo, se opone con más o menos contundencia a la posibilidad del requisito lingüístico. Si me preguntas si es diferente el discurso de Joan Lerma que el de Ximo Puig, pues creo que sí: Lerma tenía un discurso mucho más sumiso hacia Madrid (quien sabe si porque tenía intenciones de hacer política allá) que el de Ximo Puig. Pero si me preguntas por el poder real, ya no lo tendría tan claro.

En todo caso, es evidente que Puig tiene un discurso que hace más fácil a la tradición valencianista reconciliarse con él que con el de Joan Lerma. De hecho, Lerma era en ocasiones muy regionalista. Esto no es muy conocido, pero por una investigación sobre la ley de símbolos estaba leyendo el Diario de Sesiones de las Cortes y, en algunas intervenciones de Lerma, su discurso me recordaba más a una tradición regionalista con reminiscencias a cierto neoblasquismo. No había allí una tradición federalista. Ximo Puig es diferente.

  • Cuarto eje. Gobiernos del Botánico. ¿Qué cambios positivos dirías que se han producido gracias al gobierno del Botánico? ¿Cuáles son los retos de presente y futuro?

Dos preguntas difíciles también. Creo que, sobre todo, el gran cambio que se ha producido es el de la gestión. Quizás en democracia esto significa poco, pero en perspectiva es importante, porque afecta a la calidad de vida de la gente. Se ha reducido la corrupción drásticamente, y con los mismos mejor recursos utilizados se pueden hacer políticas a favor de la escuela pública, la sanidad pública, etc. Estos diría que son los principales cambios que podemos ver. Hay también cambios de naturaleza más simbólica o identitaria, como una política más clara de apoyo al valenciano, pero podríamos decir que estas cuestiones han quedado más aparcadas. No lo digo como crítica, me parece que tácticamente es una opción que tiene sentido.

También se tiene que destacar que el Botánico tiene un gobierno contradictorio: la anterior legislatura eran 2 fuerzas políticas, ahora son 3 y, por lo tanto, el reto que tienen es consolidarse, porque la distancia electoral entre los dos bloques, izquierda-derecha o pro-botánicos y anti-botánicos, es ínfima. Por otro lado, está para ver como se acaban de posicionar las dos almas del PSPV-PSOE: para reducirlo, que estas cosas son más complicadas, el alma más izquierdista y valencianista y el alma más centrista y próxima al entendimiento con la derecha.

Si tuviera que destacar cuáles son los retos de la sociedad valenciana y que el gobierno del Botánico, para mí, todavía no ha hecho una respuesta suficiente, diría que en todas las cuestiones alrededor del cambio del modelo productivo. Es decir, ¿queremos ser camareros y obreros de villa de Europa o queremos reindustrializar este país? ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo paramos el paro juvenil y damos perspectivas de trabajo a la gente joven? ¿Cuánto invertimos en ciencia? Ya lo explicaba en el libro Societat Anònima. Els valencians, els diners i la política, para mí estos son los retos fundamentales que tenemos como país. Y llevamos años haciendo zig-zag y sin ponernos del todo al trabajo. Además, en un proceso de globalización en que los valencianos somos periféricos en España, pero también en Europa, esta es una situación que nos obliga a buscar fórmulas para competir en el mundo globalizado y, si no lo hacemos, lo vamos a pasar mal. Y es cierto que probablemente el gobierno del Botánico tampoco tiene muchas herramientas para afrontarlo. Está el tema fundamental de la infrafinanciación autonómica, de tener recursos para poder aplicar políticas autonómicas. Pero también es cierto que faltan planes, que falta pensar mejor este país, conocerlo mejor, etc.

Por eso, yo creo que el balance del Botánico es positivo, ma non troppo. Hay muchas cuestiones que se han mejorado pero son insuficientes.

  • Quinto eje. Plurilingüismo. El decreto del Botánico de plurilingüismo provocó movilizaciones en el Baix Segura contra él. Te traslado una opinión de Carlos Bernabé de Cambiemos Orihuela, por sí quieres comentarla: “pensar que la reacción contra la normalización del valenciano es solo cosa de las fuerzas de la derecha en la Vega Baja… ¡púas ya me gustaría a mí que así fuera! Pero no es el caso. Entonces, de ese punto de partida hay que hacerse cargo a la hora de intervenir y no debilitar más el espacio del cambio en la Vega Baja”.

El País Valenciano tiene muchos problemas, como, por otro lado, ¡los tienen muchos países! Pero uno de ellos es el que, en un libro colectivo, he denominado la “fractura horizontal”, y es algo que los sociólogos ya hemos identificado hace tiempos. Para hacerlo de una manera muy simplista, podemos partir de la línea Biar-Busot: lo que es el eje Alicante-Elche-Vega Baja y otros territorios no van exactamente en la misma dirección a la que se dirige el país, y se sienten excluidos. Creo que este es un sentimiento que, como mínimo, tendría que ser atendido por el centro del país, porque estos territorios se sienten excluidos del proceso político general valenciano. En la Vega Baja todavía más, porque todavía es más periférica. Creo que el país no lo ha hecho del todo bien en este caso, pensar que copiar el modelo centralista español y aplicarlo en la Generalitat Valenciana iba a funcionar es un error.

La provincia de Alicante es la provincia que más ha crecido demográficamente, esto ya no es como la época foral en que la segunda ciudad más importante era Xàtiva. Ahora tenemos que entender que Alicante y Elche conforman un eje metropolitano muy importante que se tiene que atender. Podemos poner algunos ejemplos: ¿cuál es la presencia de la Generalitat en la ciudad de Alicante? Cómo me hizo ver Joan Borja, por ejemplo, al nivel de la cultura. Si miras los museos son todos de titularidad municipal o provincial, mientras que en València está el Instituto Valenciano de Arte Moderno. Es decir, ¿cuál es la presencia cultural que tiene la Generalitat en la ciudad de Alicante? ¿Los ciudadanos de Elche o Alicante, como perciben si son queridos, escuchados o atendidos? Además de sí es más cierto o menos cierto, hay que recordar que las percepciones tienen consecuencias sociales, tal como siempre recordamos los sociólogos con esto del teorema de Thomas. Por lo tanto, no atender estos sentimientos y estas percepciones es un error.

Creo que, simbólicamente, es importante la presencia de la Generalitat vía consellerías, vía poder y decisión para intentar cambiar una situación que, también es cierto, no sé si estamos en condiciones de cambiarla. A mí esto me duele como ciudadano, pero es que tenemos dos grandes fracturas territoriales: esta que estamos hablando es una, la fractura horizontal. La otra es aquella entre la costa y el interior, que podríamos llamar fractura vertical, donde encontramos pueblos interiores de comarcas costeras que están despoblándose. Si no abordamos estos problemas, los procesos normalmente solo hacen que empeorar. No es descabellado pensar que los ciudadanos de la Vega Baja o del Alacantí auparan a otras propuestas políticas que quizás los descuelguen del país, porque cierto alacantinismo disgregador existe. De hecho, uno de los problemas más importantes del proyecto nacional valenciano es la gran concentración de población en Alicante que piensa que su identidad no es valenciana. Igual que cuando hablábamos del blaverismo: y tanto que hubo grupos políticos que lo instrumentalizaron, ¡pero si lo pudieron hacer era porque aquel sentimiento existía!

La mejor respuesta es hacer de la Generalitat un instrumento que interpele a estas personas y noten como mejoran sus condiciones de vida. Porque no olvidamos otra cosa: la provincia de Alicante es la que tiene unos indicadores socioeconómicos por debajo de los del resto del país. En cambio, las provincias de València y Castelló están más o menos dentro de la media española. Por lo tanto, si se ha dicho que el valencianismo también significa una mejora en la calidad de vida, es en el sur donde más se tiene que invertir. Hace falta un espacio de reflexión alrededor de esta situación que no se ha dado, también porque, en general, las élites de València y Alicante están muy alejadas.

Te queríamos preguntar por tu último libro: Nosaltres som el València. Futbol, poder i identitats. ¿Qué papel ha jugado el mayor club deportivo del País Valenciano, el València CF, en la construcción del blaverismo político?

Estudiar los clubes de fútbol es una forma de estudiar la realidad y, por lo tanto, el València CF, también por cómo es la estructura de este país, tiene un apoyo social en un eje territorial muy significativo que alcanza la provincia de València y diría que la Plana Baixa, la Marina Alta y un poco de las comarcas centrales de la provincia de Alicante: es decir, hablamos del hinterland de la ciudad de València. En ese sentido, el Valencia CF sí que ha sido el único club que ha aspirado a representar la identidad valenciana regional o una cosa así como la valencianidad. En parte, esto también está en el Levante, pero sin la misma fuerza, puesto que la presencia fuera de l’Horta es muy reducida. Hay que tener en cuenta que ni el Hércules, ni el Villareal, ni el Elche, ni el Castelló aspiran a esto, sino que se reivindican más bien como clubes provinciales o comarcales, desgraciadamente.

El Valencia CF, en ese sentido, está muy ligado a la historia política de esta ciudad. Nace como un club con una influencia blasquista muy importante y un club republicano que incluso apoya en 1937 en el gobierno de Largo Caballero. Después, lógicamente fue infectado por el franquismo y, posteriormente, hay un periodo —sobre todo durante la presidencia de José Ramos Costa, de 1976 a 1984, en qué este hace una apuesta por una línea muy regionalista dentro del enfrentamiento de lo que fue la Batalla de València. Yo creo que se equivocó con esto, porque mientras que el Osasuna es un club de navarros españolistas y abertzales y ambos se reivindican, el València CF es un club muy de comarcas, un club popular y no elitista, pero ha tenido unas élites dirigentes implicadas, en un periodo determinado, con el blaverismo y con todo lo que representaba.

Mi libro es un librito. Más bien interpela a que alguien de el paso y haga una tesis doctoral que nos analice mejor la base social de los socios y la correlacione con su ideología. Tenemos aún muchas lagunas, y parece mentira que un club tan potente haya pasado desapercibido para los estudios sociológicos, politológicos o históricos. Mis impresiones, a partir de lo que he podido investigar, son que ha tenido un papel importante en el conflicto identitario valenciano. También es verdad que este papel ha ido a menos los últimos años. Ahora parece que hay, de nuevo, una afición más anti-madridista que anti-barcelonista, ¡a pesar del proceso independentista en Cataluña!

En todo caso, todavía tenemos muchas lagunas.

Desde posiciones tradicionalmente de izquierdas, se ha señalado Mestalla como un feudo anticatalanista, sede oficial del blaverismo político. ¿Cómo condiciona, desde un punto de vista sociológico, la ideología de los grupos “ultra” (Ultra Yomus, Curva Nord, Gol Gran) al resto del estadio?

Es un tema que habría que estudiarlo mejor, como os decía antes. Creo que es una percepción interesada. Diría que la afición del València CF, por la medida y la ubicación, es una afición muy plural. El que pasa es que el hecho que haya habido unos grupos ultra, simbólicamente potentes, que además han ejercido la violencia política y que el club los ha tolerado (no solo este club, ha habido casos así en muchos otros) o ha tenido una actitud de comprensión hacia ellos, ha hecho que la percepción social del València sea probablemente más derechista de lo que es su base social real. Porque el discurso de “València CF, club de señoritos y Levante UD, club popular” no se sostiene de ninguna forma. Primero, porque el Levante proviene cuando menos también de la tradición del Gimnástico, que tenía una tradición derechista muy importante y era el club del centro de València (el Levante FC del Cabañal sí era popular). Y el señor Quico Catalán, por poner un ejemplo, digamos que no viene del proletariado…

Pero sí que es verdad, como ha pasado en otros campos, que la imagen del graderío hace que condicione todo el club. Por ejemplo, el Rayo Vallecano, que tiene un graderío de izquierdas (los Bukaneros), no nos puede hacer olvidar que los dirigentes del club no lo son. Durante mucho de tiempo fue dirigente de este, por ejemplo, la mujer de Ruiz Mateos, que evidentemente no era marxista-leninista.

También pasó que una parte de la izquierda valencianista o incluso independentista entró dentro de la afición del Levante y, claro, después está lo que tristemente pasó con Guillem Agulló, que era un seguidor del Barça y del Quitando… Todo esto ha influenciado en la formación de la percepción que tenemos del València CF, a pesar de que, en mi opinión, es muy simplista. La cosa es bastante más compleja que algunos análisis periodísticos que ha popularizado Ferran Torrent de “señoritos por un lado y club popular por la otra”… ¡ya me gustaría a mí que los problemas sociales fueran tan fáciles! La penetración social del Levante, al menos por el que sabemos hasta ahora, se reduce mucho a determinados barrios de la ciudad de València y a determinados pueblos de l’Horta Nord y alguno de l’Horta Sud. Pero el club popular de Xàtiva es el València, no hay casi gente del Levante allí, o también lo es de Alzira o de Sagunto.

Insisto, tenemos muchas lagunas y todavía tenemos que investigar mucho más, así que animo a los jóvenes investigadores a que lo hagan.

 

Rueda de reconocimiento. 

  • Vicente Blasco Ibáñez.

Blasco Ibáñez es un personaje muy importante. Es el introductor de la política de masas en la ciudad de València y, por lo tanto, en el País Valenciano. Un literato de éxito y también un personaje de negocios corruptos, así pues, un personaje muy poliédrico. A mí me interesa, más que Blasco Ibáñez, como se ha recibido la figura de Blasco en València y en el País Valenciano. Es decir, venimos de una visión muy crítica del fusterianismo que después se ha acabado matizando: ahora encontramos a una editorial como Austrohúngara traduciendo las novelas de Blasco al valenciano y reivindicándolo. Y tenemos también a un nacionalismo español que ha intentado apropiarse de su figura: recuerdo un tiempo en que un director del MUVIM organizaba una exposición sobre Blasco Ibáñez precisamente para atacar Joan Fuster.

 

Por lo tanto, Blasco Ibáñez es una figura que todavía genera debates y que nos obliga a estudiarlo mejor. ¿Era un nacionalista español? ¿Era un regionalista o provincialista? Sin duda lo fue las dos a la vez. En todo caso, como podéis ver es un personaje polémico, pero muy importante. Recuerdo el libro de Sociología de la ciudad de València, de Rafael Ninyoles, y creo que es el personaje más citado cuando pide por un personaje histórico de la ciudad. Incluso más que Jaime I.

  • Joan Fuster.

Un intelectual potentísimo, un gran escritor, un señor escritor. También un patriota en el sentido de una persona que dio ánimos a mucha gente que después intentó hacer cosas por el país. Fuster fue un intelectual que hace una apuesta política que no acaba de cuajar y en la cual él no se implica organizativamente. Fuster no era Castelao, en el sentido de mezclar aquello intelectual y aquello político, él se queda más en el primer aspecto.

Yo entiendo su importancia como patriota lingüístico, que diría el historiador Ferran Archilés, y esto ha sido importante para la recuperación del valenciano fuera del terreno en que la Renaixença lo había ubicado, que era el de un papel simbólico limitado a la poesía y a los aspectos festivos. Esto es una aportación fundamental de Fuster. Después está el Fuster que hace una apuesta en un periodo muy concreto, que tiene un recorrido, que algunos han santificado y otros (no los equiparo, ¡ojo!) han demonizado. Pero Joan Fuster, como cualquier persona, era un hombre de su tiempo y hay que recordar que en el año 62 no había encuestas de opinión y no había la posibilidad de montar partidos políticos. Por eso no tiene sentido culpar en Fuster de no sé qué cosas. Fuster fue un intelectual de primera magnitud, un grandísimo ensayista y yo me quedo con esto.

De hecho, yo coincido más con el Fuster literato o ensayista no político que con el Fuster ensayista político.

  • María Consuelo Reyna y Las Provincias.

Es una de las personas que tiene mucha influencia en la hora de popularizar y difundir el blaverismo, esto es indudable. Sorprendentemente, todavía no tenemos una biografía de María Consuelo Reyna, como tampoco tenemos una biografía de Joan Fuster (a pesar de que este año el Magnánimo y otras instituciones lo editaremos) y, por lo tanto, conocemos todavía muy pocas cosas.

El periodismo de Reyna merece una investigación en profundidad, pero lo que es cierto es que ella señalaba con el dedo, y esto tenía una gran influencia incluso en los gobiernos de Joan Lerma. Consiguió señalar a los principales enemigos del blaverismo, aquellas personas que tenían cierto capital cultural (profesores, periodistas, intelectuales y políticos) y que no les gustaban. Con sus campañas, generó un tipo de espiral del silencio, es decir, consiguió que mucha gente fuera señalada y, por lo tanto, que fuera apartada o que fuera silenciada en nuestra sociedad. Ha tenido un papel muy importante.

  • Ernest García i Josep Vicent Marqués.

Dos mentes muy inteligentes y muy lúcidas. Marqués, además, con un tono irónico que atrapa, yo todavía puedo sonreír con algunas cosas que dejó escritas en País Perplex. Pero, como contrapartida, fueron dos personajes productos de un tiempo en que ser inteligentes no quería decir tener el apoyo de las masas. Ernest García intentó construir un Partido Comunista Valenciano, para decirlo rápido, un tipo de PSUC a la valenciana, que fracasa y que después da pie a la Unidad del Pueblo Valenciano, con todas la contradicciones que esto supone. También hizo una apuesta por el decrecimiento en un momento en que era un discurso poco escuchado. Josep Vicent Marqués, a pesar de las contradicciones, hace una gran aportación más en el terreno del ecologismo, el feminismo y las nuevas masculinidades.

En ese sentido, serían unos intelectuales avanzados a su tiempo, de la realidad de su país con escritos que merecen ser tenidos más en cuenta. En general, son intelectuales que han hecho una gran aportación en el campo de la izquierda valencianista.

  • Francisco Camps i Rita Barberà.

Yo siempre digo que, el día que escuché a mi suegro decir que la alcaldesa Rita Barberà había sido la alcaldesa más importante en toda la historia de la ciudad de València, entendí que, con independencia que yo discrepara mucho de mi suegro, esta persona había sabido conectar con una valencianidad sentimental. Recuerdo que, en una campaña electoral, Barberà proclamó que lo que buscaba, en una ciudad llena de coches y con muy pocos carriles bici, era volver a una València que oliera a flor de naranjo. Ella quería ganar esa valencianidad tradicional en un contexto en que la ciudad había cambiado y había que proyectarla hacia la modernidad. En este contexto, consigue una influencia muy importante. Una influencia popular, con las asociaciones falleras, las asociaciones de comerciantes, etc. Pero su aportación en la ciudad, más allá del desarrollismo y del populismo, fue escasa.

A todo esto se suma Camps, pero creo que en la ciudad de València tenía mucho más carisma Rita Barberà (con independencia que yo nunca he tenido ninguna simpatía por ella). Camps es otro dirigente que nos da algunas lecciones, como que es fácil ser un dirigente político cuando vienen bien dadas, pero cuando vienen mal dadas… acabó siendo una caricatura de él mismo y proyectando una imagen muy negativa del País Valenciano al resto del Estado, producto de ese carácter y de ese gobierno tan corrupto que tenía elementos, digamos, barrocos, que hacían que los periodistas tuvieron mucho elementos para hacer la caricatura. Camps fue “el valencianito” que contribuyó a generar una imagen muy lamentable del país. A  pesar de esto, también hay que reconocer que fue uno de los que popularizó la cuestión de la infrafinanciación. Cómo todo personaje, e igual que con Rita Barberà, tenía luces y sombras.

  • Mónica Oltra i Joan Ribó.

Explicar la evolución de un personaje es difícil… Si bien con los otros que me habéis propuesto era más fácil, porque ya podemos ver una trayectoria clara, en estos dos todavía está por ver como acabarán y por donde evolucionarán.

Joan Ribó es una persona que viene de la tradición de la izquierda englobada en Esquerra Unida, fue su líder en el País Valenciano durante mucho de tiempo, pero una parte de ese sector más valencianista de Esquerra Unida acabó para integrarse en Compromís. Como alcalde ha hecho un cambio tranquilo por la ciudad, donde se puede ver más es en la movilidad o en la creación de zonas para peatones. En otros aspectos se ha visto que, finalmente, València podía ser como una ciudad europea moderna. Todavía queda mucho por hacer, el cambio se ha visto mucho más en el centro que en las periferias, que permanecen abandonadas, pero ha jugado un gran papel en demostrar que esta ciudad se podía gestionar de una manera distinta.

Mónica Oltra ha sido un liderazgo político muy potente, primero desde la oposición, donde hizo frente al star-system del Partido Popular y su corrupción. Una mujer valiente que ha jugado también un papel muy importante desde la Consellería de Servicios Sociales, que era otro de los ejes del Estado de Bienestar que estaba muy abandonado. Y queda por ver, sobre todo pendiente de su situación judicial, que acontece, qué valoración final se le hace. Lo cierto es que ha hecho un gran trabajo en el cambio de percepción de la corrupción asociada a la valencianidad, y después nos muestra que hay muchos debates todavía sobre el papel del nacionalismo valenciano dentro de Compromís y las contradicciones que tiene. Posiblemente, lo que hemos visto con Oltra es que dentro de Compromís hay mucha diversidad, sensibilidades muy diversas y que no es tan puro como algunos los podría gustar, pero precisamente esta parece que ha sido la clave de su éxito.

Por otro lado, hemos visto que es difícil hacer política siendo mujer. Ella ha sufrido cosas que, si las hubiera sufrido un hombre, habría generado una respuesta firme. Acusaciones de ser una histérica y otros similares, acusaciones muy típicas hacia las mujeres que ejercen como dirigentes políticos. Todavía vivimos un paternalismo muy machista hacia las mujeres.

Por último, un libro que recomendarías.

Se tienen que leer muchos de libros. Si me hacéis decir solo uno, pues diré un que me impactó muy históricamente. Vida y destino, de Vasili Grossman, porque muestra el papel del individuo en los sistemas políticos autoritarios o totalitarios, pero que también lo podemos aplicar en cierta medida a las democracias occidentales actuales. Según Grossman, el Estado tiene una gran capacidad de control social y los individuos están un poco aislados, medicalizados, etc. Creo que es un libro que puede sugerir muchas reflexiones.

Si me pides algo de ensayo histórico valenciano, te diría que de la obra de Archilés se tiene que leer mucho. Es una obra que creo que no se ha recibido con la importancia que merece. Por ejemplo, en el libro Una singularidad amarga. Una singularitat amarga. Joan Fuster i el relat de la identitat valenciana, publicado por la Editorial Afers, hay una reflexión muy potente y merece ser leído con mucha atención. AllÍ hay una de las mejores contextualizaciones de la obra de Joan Fuster.

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