Por Juan Carlos S. Pérez
“Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente” J. G. Ballard
De un tiempo hacia aquí, muchas de las producciones culturales se han guiado por una intuición que frente al realismo capitalista, es decir, esa naturalización del sistema capitalista como atemporal y ahistórico, había una falta de imaginación política incapaz de generar utopías. Dicho y hecho, estos últimos años han proliferado distintas utopías desde diferentes -ismos buscando rescatar muchas de sus potencialidades y proyectando nuevos mundos.
En esa necesidad de recurrir a la imaginación, a la esperanza y las corrientes cálidas de nuestro tiempo, en parte, seguramente influenciada por ese fantasma del estado de excepción que apareció durante la pandemia, y el surgimiento o consolidación de bloques de extrema derecha, han surgido debates y propuestas que han permitido intentar disputar el futuro. Al final, las utopías nos permiten proyectar ese principio de esperanza y buscar en esos resquicios de nuestra cotidianidad cómo podríamos vivir mejor.
Sin embargo, estos últimos años parecía que había llegado a un punto muerto. En muchas ocasiones, daba la sensación que todos y todas sabíamos las conclusiones finales de cada charla o presentación que íbamos sobre esta temática.
En medio de este contexto, Eudald Espluga, nos marca una nueva tendencia que se abre camino en nuestras librerías con Imaginar el fin (2026). Espluga nos propone más bien imaginarnos el fin del mundo, mediante la trillada frase atribuida a Frederic Jameson que nos repetimos una y otra vez de “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, rastreando su origen en Arqueologías del futuro (2009), que como vemos, no dice exactamente eso. A partir de esta frase, se explora la idea de que quizá, efectivamente, tengamos que pensar en el apocalipsis o en el fin del mundo para acabar con el capitalismo. En parte, una de las pretensiones iniciales que tiene el libro, es que el día final, puede tener algo redentor, que si el mundo se acaba no solo hay caos y destrucción, sino que puede ser que si algo muere, algo nuevo puede nacer.
El libro consta de 4 capítulos principalmente, más un prefacio y un epílogo, pero resumiré en 3. El primero, contextualiza el debate que hubo dentro del ecologismo sobre el catastrofismo. Desde diversos sectores ecologistas, muchas veces se opta por hacer discursos colapsistas mediante estadísticas y proyecciones de datos, para afirmar que, salvo palanca de emergencia, el mundo ya está condenado. Lo que suele provocar esto es cierta dejadez y desesperanza, al final, si ya nada se puede hacer… ¿Para qué hacer algo? Pero hay que afirmar que no toda imaginación del final del mundo es igual, aquí se hace una distinción en sí se ve como una renuncia o una disputa. En la primera, el autor determina que hay 4 características principales que son: el pesimismo antropológico, la ontología mecanicista, una política autárquica y una ética de un buen morir. Creer que pese a que el mundo se acabe, las personas seguirán siendo las mismas que en el sistema capitalista, es decir, que imperará el estado hobbesiano y que el hombre será un lobo para el otro hombre, tiene un punto de conservador.
La segunda parte, nos introduce mediante la literatura y re-lecturas actuales del universo construido por H.P Lovecraft, como una forma de expresar la incertidumbre del individuo frente a estructuras que van más allá de su imaginación. En estas narraciones lovecraftianas, se puede ver en el horror cósmico, el realismo se vuelve extraño, porque la realidad se vuelve cada vez más incomprensible y cada vez más difícil de representar. Es lo que, a grandes rasgos, se nombra como crisis cosmológica. Aquí encontramos conexiones de la CCRU de Nick Land, que como un fantasma, aparece a lo largo de todo el libro.
Frente a estos mundos, una respuesta propia de nuestro contexto es la conspiración. La conspiración se convierte en intentos de darle sentido a la complejidad del mundo, en muchas de estas, hay bastantes piezas comunes. El denominador común es la búsqueda de venganza. Ante un mundo complejo donde el hombre heterosexual blanco pierde su centralidad, el ‘lobby woke’ o el ecologismo se convierten en esas estructuras responsables de su frustración. La evolución de figuras como la de los aliens, que hasta ahora eran criaturas que esperaban en los confines del espacio exterior, ahora son secretos de estado enterrados en el Área 51, seguramente algo sintomático de nuestra época. Pasamos de Alien: el octavo pasajero a Alien: Earth.
Finalmente, en la última parte del libro se confronta con esas visiones super individualizadoras, conservadoras, épicas incluso y catastróficas del fin del mundo. Mediante la historia de OpenAI, la empresa fundadora de ChatGPT, personajes como Elon Musk, se intentan adaptar y anticipar el fin del mundo. Su mayor miedo era que la IA algún día, mediante Google o demás empresas, cumpliera la profecía de cualquier distopía tipo Skynet, para evitar eso, prefirió montar una empresa y anticiparse al resto para poder controlarla antes que nadie. O su proyecto de viviendas de lujo en la Luna como búnkeres alejados del infierno en la tierra que está por venir. Esa influencia aceleracionista de Nick Land, en tantas figuras psicóticas de la nueva oleada de extremas derechas, hace que ya actúen en nuestro presente como si fueran esperando su propia profecía de su necronomicon titulado “La ilustración oscura”.
En contraposición, Eudald propone el Apocalipsis como un artefacto subversivo como respuesta a la crisis cosmológica. Proyectarlo como una ruptura de nuestro propio tiempo para poder dar lugar a futuros más deseables, incluso desde una nueva ética que no niega la violencia como forma de resistencia al presente, que permita profetizar lo que viene, el apocalipsis en su sentido original como desvelar y mirar al presente con extrañamiento.
En este mini resumen de algunas ideas del libro, hay dos cosas que valoro especialmente.
Por un lado, valoro especialmente la capacidad de aglutinar lecturas desde diferentes campos como podrían ser desde los debates del ecologismo con autores como Emilio Santiago, pasando por lecturas de Lovecraft de Graham Harman, o la antinovela de B. R. Yeager Amigdalatrópoli, y acabando en reinterpretaciones de fragmentos de la Biblia, creando un mapa amplio de lo publicado en estos años. Además, leyendo este libro, he tenido la tentación de desviarme hacia varias lecturas citadas, ya sea por intuiciones que aún no concretaba, por libros que tenía capturas de pantalla acumuladas en mi galería, o simplemente por cosas que no sabía que existían. Creo que si hay algún sitio donde podemos tomarnos el tiempo para desviarnos o tomar atajos hacia otros lugares, es precisamente leyendo.
Y por otro lado, creo que hay una buena lectura del momento afectivo político actual, que se une a otras publicaciones como La fiesta del fin del mundo (2025) de Natalia Castro Picón, Apocalipsis (2025) de María Pandiello o Nacionalismo del desastre (2026) de Richard Seymour (mencionado por el propio Espluga en la presentación en la librería Finestres en Barcelona). En palabras de Natalia Castro, define su tesis de cómo “enfocar de forma productiva el apocalipsis”. En este libro, cita a De Martino para transitar el apocalipsis como un final e inicio de nuevos códigos culturales que buscan restablecer la capacidad de explicar nuestro mundo y relacionarlos con él. (Castro 14, 2025).
Conectando con el texto introductorio, parece ser que estamos en una resaca utópica donde estamos pensando más en el fin o como será ese fin. Hay un cambio de sentido peculiar, donde antes imaginamos cómo serían ciertos sitios ideales, ahora deseamos quemar Cybertrucks de Elon Musk. Lo cierto es que hay algo profundamente seductor en las distopías, muchos de esos imaginarios a día de hoy están presentes y son intrínsecos en nuestra cultura popular (por ejemplo, todo la estética y erótica fósil que señala Layla Martinez). De hecho, debo confesar que antes de leer este libro, he estado revisando películas distópicas de los años 80-90s y sentí cierto confort e incluso hay un atractivo en todas ellas1.
Hace un año aproximadamente tuvo lugar el aniversario de J.G Ballard. En este último aniversario (en 2025), se organizaron una serie de cursos, jornadas de charlas e incluso la publicación del libro sobre Ballard titulado El único planeta realmente alienígena es la tierra (2025) de Alberto Santamaría. Saco a colación su nombre porque me resuenan muchas de las cosas mencionadas aquí. Ballard es un autor particular dentro de la ciencia ficción, no se interesa por el momento del desastre, se interesa por el después, por atravesar la catástrofe. Para el autor, la dicotomía utopía/distopía es falsa, tal y como dice Santamaría le parece “un trastorno obsesivo-compulsivo con la historia”. Las utopías de Elon Musk o Netanyahu (ya sea en la luna o en Gaza) son nuestras distopías, lo que realmente importa es la relación social que hay en ellas, si no cambia esta, nuestra relación con el futuro siempre será problemática. Hay dos cosas dentro de sus obras que nos ayudan a pensar esto (de una forma tan resumida que podría parecer ofensiva); la primera es que en sus obras no hay una resignación ni un intento de restaurar el viejo mundo, sino un sumergirse en esa catástrofe, se plantea qué nuevas relaciones sociales, sobre todo con los objetos, nacen de este lugar. Para ejemplificar de forma simple: ¿Qué significa o qué importancia tiene un coche una vez el mundo capitalista se acaba? ¿Qué valor tiene el tiempo una vez desaparece la relación capital/trabajo?. La segunda es una consecuencia de la primera, que es, una vez estamos fuera de esta lógica, nos permite ver nuestro mundo desde fuera, desde un lugar de extrañamiento. Volviendo al título del libro anteriormente citado: lo realmente alienígena es la tierra. Este autor junto a otros como Lovecraft, Philip K Dick, Gibson… que exploran lo que se conoce como literatura del extrañamiento que constantemente nos cuestiona la realidad, es decir, el campo de lo posible e imposible. De hecho, esta literatura de la extrañeza es lo que está marcando la ciencia ficción argentina del new weird con autores como Juan Mattio2, Michel Neva, Roberto Chuit… O también presente varios de estos elementos en el terror social de Mariana Enriquez.
En el epílogo del libro, aparece este otro fantasma: ¿Dónde queda la utopía? En este punto, propone romper ese binomio entre utopía-antiutopía mediante la idea de un final que incorpore esas dos pulsiones. Sin embargo, creo que precisamente que muchas historias catastróficas o trágicas tienen “la gracia” que muchas veces te enfrentan y abordan conflictos, esa relación social problemática, no solo como continuidad de este o conformarnos con esto porque existe algo peor, sino como una forma de resolverla o superarla. Aquí es donde el marxismo siempre nos da aportaciones, Marx decía que la gran diferencia entre un trabajador y una abeja es que el trabajador se imagina lo que construye antes de hacerlo. Por lo tanto, nuestra capacidad de lo posible o no, afecta a lo que aspiramos transformar. Y esta, siempre depende de la acción, es mediante la acción que nosotros ampliamos este campo de lo posible3.
Y una última cuestión antes de acabar, me gustaría contraponer este libro con el ensayo del filósofo Lluís Aguiló titulado Parálisis por agitación (2026), donde plantea si nuestra parálisis no se trata precisamente por este movimiento entre el aceleracionismo y la nostalgia. Si nuestra situación de catatonia tiene que ver más con la capacidad de hacer de nuestro presente que del futuro o alternativas. Aguiló nos explica que quizá lo que nos sucede es que el mundo actual nos pone en una situación de constante movimiento, de agitación y elecciones en medio de un laberinto capitalista, que hace que jamás podamos movernos libremente e incluso nos paralice. Creo que esta idea se entiende mejor con el concepto de la deuda que también se expone en el libro. Nuestro sistema beneficia un sistema de endeudamiento porque prevé que el mundo siga un progreso lineal y en algún momento dejaremos de pagar. Sin embargo, por eso, cuando hay imprevistos como el covid o alteraciones del mercado de valores, este sistema peligra y muestra toda su fragilidad. Es como una eterna promesa que terminamos pagando con nuestra vida. Es en este exceso de movimiento, donde nada es nuevo porque todo lo es, donde la aceleración hacia adelante o el mitificar hacia atrás, sólo nos conduce a más parálisis.
Concluyendo, recomiendo el ensayo de Espluga porque toca un nervio político que cada vez se activa con más facilidad. A lo largo del libro, aborda temáticas que, como podéis ver en esta reseña dan para debates largos, y a mi entender, no se merecía una reseña simple sino entrar a un lugar cada vez más común: ya no buscamos el paraíso como un lugar alejado sino el paraíso dentro del propio infierno.
Estamos en un punto donde la política parlamentaria se coloca en posiciones más defensivas, donde el feminismo institucional es complaciente, cómodo y conservador, el antirracismo solo aparece cuando es funcional al sistema económico (es decir, cuando se necesitan trabajadores en malas condiciones o por revertir una pirámide demográfica), donde los especuladores pueden decir abiertamente que especulan en prime time… Hace unas semanas se viralizó un reels de Gelo, el alcalde de Oleiros, donde decía que hay que pegarle un tiro a Donald Trump porque es el mayor terrorista del mundo, más allá de posicionarme en esta reseña, creo que si bajamos por los comentarios de este vídeo vemos que básicamente dijo algo que mucha gente pensaba y cada vez veía más claro llegados a este punto. Es esta pulsión que cada día crece, en ese deseo oscuro que nuestro sistema no puede satisfacer, es donde creo que está el partido. Como dice Juan Mattio:
“Muchos insisten en creer que el ascenso de la ultraderecha en el mundo se da porque la gente ha sido engañada, pero la pregunta por los deseos insatisfechos siguen sin aparecer” (Mattio, 2026).
Creo que durante mucho tiempo, en parte por los debates coyunturales, intentamos ser proactivos y movilizar afectos “positivos”, sin embargo, no deberíamos renunciar a aquello que seguimos odiando o incluso deseando de forma contradictoria (tampoco aceptarlo de forma acrítica). Es por eso, que también me parecen interesantes reflexiones como la de Aguiló, ya que deberíamos aceptar los riesgos que implica reflexiones que nos intenten abocar al presente de forma apocalíptica, por si estamos simplemente queriendo ir más deprisa sobre una cinta de correr de una cadena extranjera de gimnasios 24h.
Bibliografía
Aguiló, Lluís (2026). Parálisis por agitación. Ned Ediciones.
Castro Picón, Natalia. (2025). La fiesta del fin del mundo. Anagrama.
Espluga, Eudald. (2026). Imaginar la fi. Raig Verd.
Jameson, Fredric. (2009). Arqueologías del futuro. Akal.
Mattio, Juan (2026). Un programa posible para la filosofía futura: una conversación con Federico Romani. Revista Otra Parte. https://www.revistaotraparte.com/discusion/un-programa-posible-para-la-filosofia-futura-una-conversacion-entre-juan-mattio-y-federico-romani/ (Consultado el 30 de abril de 2026).
Pandiello, María. (2025). Apocalipsis: revelaciones, miedos y futuros posibles. La Felguera.
Santamaría, Alberto. (2025). El único planeta verdaderamente alienígena es la tierra. Akal.
Seymour, Richard. (2026). Nacionalismo del desastre. Verso Libros.
Notas
- Las películas han sido las siguientes: Terminator (1984) de Cameron, Terminator 2 (1991) también de Cameron, Robocop (1987) de Paul Verhoeven, Blade Runner 2049 (2017) de Villeneuve, Blade Runner (1982) de Scott, Ghost in the shell (1995) de Oshii, Alien: El octavo pasajero (1979) de Scott, Aliens: el regreso (1996) de James Cameron, Desafío total (1990) de Paul Verhoeven, Dark City (1998) de Alex Proyas, Kairo (2000) de Kurosawa, Brazil (1985) de Terry Gilliam y Akira (1988) de Katsuhiro Otomo. Si alguien tiene alguna recomendación más…
- Recomiendo encarecidamente leer la entrevista de Juan Mattio en la revista literaria Quimera. Dejo el link aquí: https://www.revistaquimera.com/post/conversaci%C3%B3n-con-juan-mattio-el-realismo-est%C3%A1-exhausto Y para profundizar más, si interesa, recomiendo leer el ensayo de Mattio titulado “La sombra de un jinete desesperado”.
- Sobre esta cuestión hay una entrevista muy interesante a China Miéville traducida al español: https://culturalmarxx.wordpress.com/2025/03/17/fantasia-y-revolucion/
