Este artículo nace de la curiosidad que me ha despertado todo lo generado por el estreno de Backrooms de Kane Parsons. No solo por su éxito en taquilla sino por lo que implica y los temas que pone sobre la mesa, sumado a que la gran mayoría de mi entorno solo conoce el estreno y no el lore detrás, es decir, desde su nacimiento en foros de internet y viralización posterior. Paralelamente, de forma intencional o no, la publicación del libro Estéticas liminales (2026) de Valentina Tanni aborda la temática del terror liminal que ha enrarecido nuestro mundo, especialmente en internet.
Antes de adentrarme en los puntos que quiero exponer, es conveniente contextualizar y situar Backrooms. De forma inesperada, los últimos grandes estrenos han sido dos películas de terror de un presupuesto bajo en comparación con otros proyectos simultáneos: Backrooms y Obsession. Ambas se han colocado por delante de sagas históricamente taquilleras como Star Wars (en horas bajas) y Scary Movie. En este caso, nos centraremos en Backrooms ya que es un fenómeno que ha ido creciendo desde 2019-2020 hasta consolidarse en una apuesta de la productora A24 y que el elegido para dirigirla sea un chico de 21 años, con el bagaje de una webserie en Youtube.
Seguramente, como cualquier persona que haya indagado un poco, verá que el concepto de Backrooms nace el 19 de mayo de 2019 en 4chan, donde se abrió un hilo con el título “Unsettling images” y se posteó la popular imagen que comenzaría todo.

El requisito para que una imagen formara parte de los Backrooms era que transmitieran esa sensación de extrañeza pero a la vez de familiaridad. En ese hilo de imágenes nos encontrábamos colegios, salas de espera u oficinas vacías, edificios a medio reformar o pasillos que no acaban nunca y no se ve el exterior. El terror ya no se ubica a las afueras de la ciudad, sino presente en nuestra cotidianidad. En muchas descripciones o comentarios se utilizaban palabras que a veces parecen palabras-comodines como aura, vibe o mood para explicar la sensación que producen más allá de lo que “realmente” son. Un backroom tiene que tener un aura nostálgica, de un tiempo pasado, pero a la vez hostil. Transmitir una especie de tranquilidad incómoda.
En mayo de 2024 se descubrió que la imagen provenía de la juguetería HobbyTown en Wisconsin. La foto fue realizada en 2002 durante unas reformas, cuando se planteaba transformar ese espacio en un circuito de carreras de coches de juguete. Lamentablemente, un misterio resuelto.
1. Terror liminal y el laberinto de la nostalgia
En primer lugar, los Backrooms se caracterizan por ser espacios liminales: un lugar suspendido entre dos puntos. Influenciada por la cultura gamer, caemos en estos no-lugares por algún tipo de glitch de la realidad, como cuando estamos jugando y nos caemos fuera del mapa atravesando paredes, muros y objetos sin poder salir. Tanni utiliza el concepto de kenopsia: “lugares que normalmente están llenos de gente pero ahora aparecen en un inquietante estado de vacío”, al arrancarles la utilidad principal de esta arquitectura, estos lugares se hacen más enormes produciendo desasosiego y alienación (2026). Las volvemos estructuras sin propósito.
Pese a que pueda parecer contemporáneo, es algo que ha estado presente en el arte romántico o surrealista, desde obras de Battista Piranesi a literatura más contemporánea. Borges tocaba esta temática en novelas como La biblioteca de Babel, Tlön o Uqbar. Ballard dibujaba desiertos artificiales —como hangares abandonados o piscinas vacías— recogiendo restos del pasado que no encajan con nuestro presente. Hay una persistencia histórica en la arquitectura que se rebela contra nosotros, en su transformación en nuestras propias prisiones cotidianas.
Evitando caer en muchos spoilers, me interesa la idea de que los Backrooms son copias, tipo copypaste, de la realidad. Hablo en plural porque no es simplemente una cara B, sino una serie de copias simultáneas y cada nivel subterráneo es otra copia cada vez más distorsionada que la anterior.
Es cercana a la experiencia de pedirle a una IA que genere la misma imagen todo el rato y te diera imágenes similares pero extrañas entre sí. Es como si cada vez que accedemos a ese lugar cómodo, lo deformamos. El abuso de esa nostalgia transforma un rincón de confort en uno inhabitable, hostil y con más fantasmas y monstruos en él. Pese a eso, preferimos volver a ese lugar; repitiendo los mismos errores, cayendo en las mismas tramas, practicando el autoboicot y generando un propio laberinto del que no podemos salir.
De hecho, la película aunque se ubica en los años 90 con los objetos analógicos de la época, podría situarse en el presente. Aún así, hay una intención en apelar a la nostalgia de los noventa, tanto para quien los vivieron como los que no, donde al menos nos sentíamos más seguros. Para Mark Fisher esto es fruto de un duelo fallido, no dejamos morir esa época porque muchos de los peores presagios aún no se habían cumplido. Esto conecta con el concepto de hauntología, que dicho rápidamente, explica esa sensación de vivir el presente con la sensación de ciertos futuros rotos y promesas incumplidas.
Hace poco el exvicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera definió nuestro momento actual como un tiempo liminal: todo es contingente, inestable, precario… Aún está todo por definir. Lo que podría significar una oportunidad para disputar y redefinir el mundo del mañana. Sin embargo, paralelamente, se populariza el terror liminal, es decir, el miedo a estar en una sala de espera eterna sin salida. En lugar de verlo como una posibilidad, tememos vivir eternamente en esta inestabilidad, algo que nos lleva del optimismo inicial del “todo por hacer” a la parálisis.

2. Creepypasta y lo popular
El segundo punto es sobre los creepypasta y su popularidad actual. Los creepypasta son leyendas urbanas promovidas por internet, en un inicio se difundían mediante copia y pegas de un mismo mensaje o exponiendo historias sobrenaturales, de gore o conspiraciones en foros, blogs o videos de Youtube.
Esto se entronca frente a una situación actual de la industria del cine. Debido a las grandes inversiones que se hacen en el mundo del cine de Hollywood, se vuelven más reticentes a hacer apuestas arriesgadas. Por lo tanto, esto provoca que tiren de sagas que ya han tenido éxito en el pasado, reviviendolas con remakes, secuelas o macroeventos de cameos. Esta falta de originalidad por historias nuevas o simplemente salirse de “lo que funciona” hace que no sea un sitio prolífico para las nuevas ideas.
Los creepypasta son una reacción de esto, de intentar construir los propios mitos e historias de forma más horizontal (que no idílica porque siempre se generan jerarquías). Hay una cita de Henry Jenkins en Estéticas liminales (2026) que decía esto:
“La fan fiction es la manera que la cultura tiene para reparar el daño causado por un sistema donde los mitos contemporáneos son propiedad de las corporaciones en lugar de pertenecer al pueblo”
Un ejemplo es Alien: el octavo pasajero. La aparición de los Space Jockeys, los seres que estaban muertos en la nave que portaba al alien, creó un sinfín de teorías sobre el origen de Alien y la mitología detrás de ella. Años después, Prometheus lo explicó todo (con ciertos tonos bíblicos), reduciendo significativamente la sensación de misterio y horror a lo desconocido.
La idea de Backrooms empezó así. A través de participaciones de mucha gente y cada una de esas personas buscando aportar su granito de arena y a la vez hacerla más suya. Construir un mito con más y más ramificaciones y no dependa de un autor o una propiedad comprada por una Netflix, Warner o Disney.
Aunque esto también tiene problemas, como degeneraciones de la idea inicial o su simplificación para comercializar mejor. Uno de los miedos de muchos fans era que los Backrooms se transformaran en simplemente pasillos con muchos sustos, una deriva que habían tomado la mayoría de videojuegos que simulaban esto. O buscar adaptar todas las criaturas populares y teorías extendidas en la red. Contrariamente, creo que una de las claves de la película es precisamente no explicar demasiado y dejar espacio para que cada uno construya su teoría.
3. Elitismo en el terror “elevado”
La tercera idea es el elitismo del terror “elevado”. Cuando escuché este concepto usado por parte de la crítica especializada me vino a la cabeza una escena de Scream 5. El personaje protagonizado por Jenna Ortega le contaba a su potencial asesino (Ghostface) que prefería el terror elevado al típico de sustos. Lo gracioso es que este diálogo se contextualiza en una película del subgénero del slasher, para que nos entendamos: adolescentes que huyen de un asesino en serie, con muchas persecuciones, muertes sangrientas y cierto sentido del humor paródico.
En el vídeo del youtuber y director Chico Morera “El terror es de principiantes: De Backrooms a Evil Dead” explica que la etiqueta “terror elevado” nace por allá del 2010, para enaltecer películas como Hereditary o Babadook y despreciar al resto del género. Impulsada por aquellos sectores que trataban el terror como una cosa menor, un género por debajo de otros como el drama o la crítica social (explícita). Lo entendían como algo demasiado simple que solo buscaba dar sustos, donde se valoraba más la percepción o la emoción que generaba en el espectador y no tanto por lo que contaba.
El terror tiene cierta simplicidad pero porque se basa en contar una preocupación, temor, ansiedad… De nuestra condición humana. Susanna Clarke lo describe así:
“el terror[…] se basa en la existencia de un secreto en el corazón del mundo, en la idea de que bajo la apariencia de normalidad se esconde una verdad oscurecida a propósito” (2024)
Realmente una idea así no necesita grandes medios para funcionar, de hecho, en muchas ocasiones que se vea peor o se grabe “mal” le acerca a una experiencia cotidiana. Y muchas veces con mayor acierto que grandes producciones con cámaras de alta definición con grandes efectos especiales.
Retomando el punto, esta división entre terror “elevado” y el terror “popular”, solo sirve para marcar cierta distancia elitista justificándose en un supuesto trasfondo psicológico y dramático “complejo”. Pero si nos ponemos a pensar en películas como El Resplandor, El Exorcista… ¿No son películas que tienen un trasfondo más allá que el de dar sustos? ¿Los monstruos propios del género como vampiros, zombies o el propio Frankenstein no son también metáforas críticas sobre el mundo que vivimos? Entonces la categoría no sirve más que para explicar la identidad de uno mismo, que necesita encontrar una justificación para decir que le ha gustado una película de terror.
Esto aún más se amplifica cuando vemos la productora de A24. Destacan por financiar y promocionar películas que no apostarían las grandes productoras, creando su fórmula anti-hollywood dentro del propio Hollywood. Normalmente buscan ideas con potencial subversivo para integrarlas bajo su sello y capitalizarlas.
Es por eso, que A24 ha incentivado un consumidor que busca alejarse de los taquillazos, blockbuster o terror “comercial”. Aún así, la propia productora, a pesar de la apuesta por el joven director Kane Parsons, lo ha rodeado de productores como James Wan, Shawn Lewy y Osgood Perkins que en su curriculum llevan películas como Saw o Annabelle. Un poco para asegurar más el tiro. Así que realmente la división entre el terror elevado y popular no es más que una idea teórica que a la práctica no existe.
Antes de acabar, quiero destacar la presencia del grupo de investigación “secreto” que aparece tanto en la webserie de Parsons como en la película. Como explica Espluga en Imaginar la fi (2026), lo conspiranoico ya forma parte de nuestro sentido común: afirmamos que lo raro (como extraterrestres o dimensiones oscuras) existe, solo que algún gobierno lo está ocultando. En lo que respecta a la película, creo que le resta sobre todo en la parte final, ya que nos aleja de lo realmente interesante y rompe un poco con el ritmo de la película.
Conclusión, creo que Backrooms abre una serie de debates o temas que están en nuestros imaginarios colectivos en relación al terror. Retomando un poco a Chico Morera en su vídeo ¿Por qué esta generación tiene miedo al vacío? no es casualidad que esto se popularizara en 2019-2020 justamente cuando las calles, oficinas y demás sitios habían sido vaciados por la pandemia. Quizá es el terror quien mejor esté capturando esa sensibilidad de lo que a día de hoy nos angustia.
Bibliografía
Espluga, Eudald. (2026). Imaginar la fi. Raig Verd.
Tanni, Valentina. (2026). Estéticas liminales. Caja Negra.
Greenaway, Jon (2024). Capitalismo: una historia de terror. Mutatis Mutantis.
Morera, Chico (2026). “El terror es de principiantes: De Backrooms a Evil Dead”. Link: https://www.youtube.com/watch?v=bsvX75Z44cc&t=437s
Morera, Chico (2026). “¿Por qué esta generación tiene miedo al vacío?”. Link: https://www.youtube.com/watch?v=pRcIreDXzRM
