¿Malestar en la carretera? Reflexiones sobre el paro del transporte

Por Ivan Montemayor

 

En català

 

“¿De dónde emana la influencia del fascismo sobre las masas? El fascismo logra atraerse las masas porque especula de forma demagógica con sus necesidades y exigencias más candentes. El fascismo no sólo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas, sino que especula también con los mejores sentimientos de éstas, con su sentimiento de justicia

  1. Dimitrov, “La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo”, 1935.

 

Lunes, 14 de Marzo.

Un señor con fachachaleco que dice representar a todos los transportistas del estado español aparece en todas las televisiones y medios de comunicación. Su Plataforma ha organizado un paro y se montan piquetes que atacan a los camioneros que no quieren participar. Los sindicatos no apoyan una movilización de pequeños empresarios y camioneros autónomos. El malestar, parece, se canaliza por fuera de las fuerzas de izquierda y por fuera del sindicalismo oficial.

Para muchos hombres de clase trabajadora, la única opción de mantener el rol de male bread-winner y seguir llevando ingresos a un hogar es subirse a un camión. El camión como símbolo de resistencia: resistencia ante la desindustrialización del Sur de Europa, resistencia ante la globalización y resistencia ante el sueño que hace que se cierren los párpados después de horas y horas atravesando autopistas y carreteras.

Conducir siempre conlleva el riesgo de morir en la carretera. La mayoría de los accidentes laborales graves y lesiones son in itinere, es decir, de camino al trabajo, normalmente en coche. Según los datos que ofrece el Ministerio de Trabajo el año 2021 hubo 23.560 accidentes sufridos por hombres y 11.263 por mujeres. Aunque las mujeres padecen más enfermedades laborales físicas i mentales, los hombres sufren la mayoría de las lesiones graves y muertes[i].

Asimismo, el sector de la distribución es clave en las economías europeas y en el desarrollo de las plataformas digitales como Amazon, que se basan en la incesante llegada de productos a los hogares de los consumidores. Al mismo tiempo, la reconversión del estado español como una potencia exportadora de productos porcinos y la generalización de la ganadería intensiva hace necesario también un transporte masivo para llevar la producción hacia Europa y el resto del mundo, especialmente a través de la frontera entre Cataluña y el estado francés. Como explica Razmig Keucheyan[ii] en su libro Las necesidades artificiales, el valor del equipamiento tecnológico del sector logístico ha aumentado un 187% desde 1982 hasta 2009, mientras que el fabril apenas un 56%. Sin el proletariado del sector logístico, difícilmente puede funcionar una economía posfordista que para nada es “inmaterial” o simplemente “del conocimiento”.

Nos encontramos de pleno en una espiral inflacionista, pero eso no significa que haya menos riqueza a repartir. Al contrario, como explica David Harvey “En 1970 el PIB mundial rondaba en torno a los 9 billones de dólares, pero en 2018 se acercaba a los 90 billones en dólares constantes”, pero al mismo tiempo la participación de la masa salarial en el PIB es menor en comparación con los beneficios empresariales.

Históricamente, hasta 1970 aproximadamente, los trabajadores de los países capitalistas avanzados compartieron los beneficios del aumento de la productividad. Algunos alcanzaron un mayor nivel de vida material. Desde la década 1970, la mayor parte de los beneficios procedentes del aumento de la productividad han ido a parar al capital. Este es el impacto positivo del plusvalor relativo para el capital, que, sin embargo, desencadena al mismo tiempo el impacto negativo derivado de la caída de la tasa de beneficio.”[iii]

Los fuertes aumentos del precio de los combustibles y la inflación generalizada, acelerados por la guerra de Ucrania, están tensionando el sector de la distribución. Desde el lunes pasado hemos visto el desarrollo de un desigual paro de camioneros, que no está promovido por trabajadores asalariados sindicalizados, sino por una plataforma de pequeños empresarios que se define como “apolítica”. Esta plataforma ha sido categorizada como una fuerza patronal y no de trabajadores por los sindicatos mayoritarios y también como cercana a la ultraderecha. Sin duda el paro de la Plataforma en Defensa del Sector de Transporte de Mercancías por Carretera está siendo azuzado e instrumentalizado por la ultraderecha, que desea desestabilizar las economías europeas con un movimiento similar a la experiencia de los Chalecos Amarillos en Francia en el año 2018, que pueda ser rentabilizado electoralmente.

Aún que esta asociación de camioneros autónomos no sea exactamente un movimiento sindical y de clase, las fuerzas transformadoras deberían comprender que no es verdad que todos los camioneros que protestan sean egoístas empresarios de extrema derecha y siervos de Putin, como repiten el PSOE y sus medios afines.

Muchos camioneros son solamente trabajadores, con un profundo malestar de género y de clase. Seamos claros, el patriarcado es un sistema que obliga a los hombres a sufrir y asumir riesgos innecesarios para no quedarse fuera de los márgenes de la masculinidad. Hasta un setenta por ciento de los votantes de VOX son hombres, y como explica la teórica Clara Serra[iv], la ultraderecha ha conseguido politizar los malestares masculinos y esto seguramente influye en sectores tan masculinizados como el del transporte.

La estrategia de la reacción en la coyuntura actual es la reciente potenciación de su sindicato amarillo “Solidaridad” es la de organizar un movimiento sociopolítico españolista de trabajadores. Aun así, el sindicato promovido por los reaccionarios propone una reducción de impuestos, mostrando que esconde intereses patronales bajo la farsa forma de una organización obrera. La tesis rojiparda que acepta que existen unas “elites globalistas progresistas” enfrentada a unas clases trabajadoras tradicionalistas tiene las patas muy cortas. La realidad es que la ultraderecha a la hora de la verdad es liberal en la dimensión económica, aunque disfrace de nacional-proteccionista su discurso. No apoyar la subida del salario mínimo o la regulación del alquiler perjudica a un pueblo trabajador que se caracteriza por su enorme diversidad y heterogeneidad.

Sería un acierto escuchar las propuestas más sensatas del paro de los camioneros, más allá de criticar su uso partidista y de las polémicas declaraciones del representante de la Plataforma que lidera el paro. La mayoría de los transportistas quieren más tiempo, quieren condiciones de trabajo dignas y quieren jubilarse a los 60 años. El retiro a los 60 años es ahora mismo una demanda compartida por los sectores llamados esenciales, esos que siguieron trabajando durante el confinamiento del 2020. Enfermeras, trabajadoras de residencias de ancianos, trabajadoras de la limpieza o camioneros, todos ellos se merecen por la dureza de su trabajo que se les reconozca el derecho social a jubilarse a una edad justa. Y podemos articular esas demandas en un discurso que desactive la retórica pseudo-social de la ultraderecha.

A largo plazo, debemos plantear un plan de transporte de mercancías por vías de ferrocarril, como alternativa sostenible al transporte por camión. Es la solución más eficiente para transportar mercancías en un contexto de crisis energética y transición ecosocialista. Tengamos en cuenta que el transporte ferroviario de mercancías se sitúa en España en torno al 4%, frente al 18% de media en la Unión Europea[v].

Como ya avisaban Héctor Tejero y Emilio Santiago en su libro ¿Qué hacer en caso de incendio?[vi], nuestras sociedades pueden plantearse un Green New Deal para afrontar la emergencia climática y la crisis de los combustibles fósiles. Esta crisis se ve ahora incrementada por la guerra de Ucrania y la inestabilidad en las relaciones entre Marruecos y Argelia. Este Green New Deal ha de suponer inversiones públicas en transporte público, y eso incluye el transporte de mercancías, en un momento donde el papel del Estado ha de tener elementos de planificación económica y probablemente de nacionalización de sectores estratégicos como la producción y distribución de energía. Soñar con un futuro de bienestar frente al nihilismo neoliberal.

¿Podemos imaginar un país con más trenes y menos malestar en la carretera?

[i] Informe del Ministerio de Trabajo. https://www.mites.gob.es/estadisticas/eat/eat22_01/ATR_01_2022_Resumen.pdf

 

[ii] Keucheyan, K. (2021). Las necesidades artificiales. Como salir del consumismo. Madrid: Akal.

 

[iii] Harvey, David. Réplica a Riley. New Left Review, 132. Enero-Febrero, 2022.

 

[iv] https://elpais.com/opinion/2022-02-09/contra-la-extrema-derecha-un-feminismo-para-todo-el-mundo.html

 

[v] Datos del consejo General de Ingenieros Industriales.

 

[vi] Tejero, Héctor, Santiago, Emilio. (2019). ¿ Qué hacer en caso de incendio?: manifiesto por el Green New Deal. Capitán Swing.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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