Reseña «Grietas en el deseo» de Nuria Peist

Por Juan Carlos Solórzano Perez

Entre las últimas publicaciones de Akal, hubo una en especial que me llamó la atención: “Grietas en el deseo: la cultura como dominación y resistencia” de Nuria Peist. El libro tiene una premisa clara: la cultura es un espacio de conflicto en el que interactúan diversas formas de dominación, resistencia y subversión. Estas nunca son posiciones puras o necesariamente opuestas, sino que se relacionan entre sí para dar lugar a un campo cultural contradictorio y en constante tensión. 

El libro analiza la evolución del mundo de la cultura. Por un lado, atiende a sus conflictos internos, como la propia figura del artista o el paso del arte cotidiano al más experimental. Por otro, a factores externos como pueden ser la evolución tecnológica o los grandes cambios políticos y socioeconómicos. 

Como bien nos recuerda la autora, Walter Benjamin dejaba claro en La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica (1935) que no se podía entender el arte sin tener en cuenta los cambios de la era industrial. Como se puede producir en masa, los objetos artísticos pierden su singularidad. Sin embargo, lejos del pesimismo, Benjamin vio esto como una posibilidad de democratizar el acceso al arte. Concretamente, tenía esperanzas en el cine por su capacidad para representar a las masas tratando problemas cotidianos y por la relación que establecía con el público. 

Pero esto no significa que el arte se haya democratizado. Pese a su masificación, la producción y distribución siguen siendo asignaturas pendientes. Incluso en espacios destinados a facilitar el acceso a las instituciones artísticas, como las exposiciones o centros culturales, siguen operando dinámicas excluyentes y elitistas. 

Esto se explica, en parte, porque determinadas prácticas artísticas que consideramos “elevadas” han encontrado puntos en común con las dinámicas de mercado. La búsqueda de autonomía por parte del arte lo ha ido alejando cada vez más de lo cotidiano, pero no de las lógicas del sistema capitalista. De hecho, estas prácticas se han acoplado a las demandas de un mercado exigente y volátil, que recurre a la provocación como forma de captar la atención de un público más reducido o, simplemente, no aburrirlo. 

Aunque hay quien sostiene que la barrera entre la alta cultura y la cultura popular es difusa, las desigualdades siguen existiendo y, en muchos casos, se profundizan. Por eso sigue siendo pertinente usar conceptos como “cultura dominante”, con todas sus limitaciones, porque nos permiten hablar de la estructura social que aún impera pero también de lo que excluye. 

Pasa algo similar con la cultura popular. A veces parece que, al hablar de lo popular, nos referimos a lo que nos gusta por cercanía ideológica. Otras veces, a todo aquello que se aleja de lo culto. Esto último, indirectamente, favorece el elitismo que se pretende criticar.

En lo personal, “Cultura popular y cambio social” es uno de los apartados más interesantes del libro. Conecta a Bourdieu con Walter Benjamin, los estudios culturales británicos (por ejemplo Stuart Hall) y las diversas ramas de la tradición gramsciana para desligar la cultura popular de valores esencialistas y prefijados. Esta cita condensa la intención del libro:

“De lo que se trata es de comprender, tomar en cuenta, pensar, analizar, ser sensible y lúcido respecto a todo tipo de violencia simbólica, no solo a la que conviene al discurso propio. Cuando las denuncias siempre remiten a los mismos temas, obviando otros no menos importantes, caen en el fetichismo del que pretenden huir o tanto critican, siempre adjudicado a otro” (Peist 2026, 88).

La palabra deseo en el título del libro se refiere a esas intenciones que tenemos respecto a la cultura. En muchas ocasiones, el deseo de que las clases populares accedan a cierto tipo de “alta cultura” encierra otra cosa: creer que una pequeña vanguardia puede instruir al pueblo en un arte “culto” y liberador. 

En contraposición a esto último, una de las conclusiones de la autora es pensar ese deseo como “cruzar distintas lógicas que tengan como objetivo cambiar dos cuestiones importantísimas: la marginalidad de lo popular y el elitismo de lo culto […] el deseo, en este caso, surge de la búsqueda del otro para habitar una carencia” (Peist 2026, 185).

No se trata tanto de crear desde la alta cultura algo para las clases populares, ni de pensar que lo popular es emancipador por sí mismo, sino de abrir un diálogo que pueda romper con ambas posiciones. Es decir, no crear algo para que los demás se sumen, sino crear algo que sume. 

Bibliografía

Peist, Nuria (2026). Grietas en el deseo: la cultura como dominación y resistencia. Akal. 

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