Solucionismo Tecnológico: ¿Por qué incompatible una Europa más verde con una más digital?

Por Frederic Sala

 

En català aquí

 

En aquel Imperio, el arte de la cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola provincia ocupaba toda una ciudad, y el mapa del Imperio, toda una provincia. Con el tiempo, estos mapas desmesurados no satisficieron y los colegios de cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas ruinas del mapa, habitadas por animales y por mendigos; en todo el país no hay otra reliquia de las disciplinas geográficas.

El hacedor, Jorge Luis Borges

Este breve relato de Borges, podría ser suficiente para pensar el absurdidad de la búsqueda constante de la digitalización. Ciertamente, este cuento se refiere a la herencia del pensamiento moderno que tiene la necesidad o la obsesión de querer medir y pesar todo el mundo que nos rodea. La Unión Europea tiene planeado seguir esta lógica para llevar a Europa a una transición digital, con el pretexto de que después de la pandemia, la recuperación debe pasar por nuevas empresas, nuevos mercados, es decir, la búsqueda de nuevos filones [1] que el capitalismo europeo pueda explotar. Por otra parte, gracias a esta digitalización se considera que será posible hacer un uso de los recursos más sostenible «más inteligente» en una nueva forma de solucionismo tecnológico para hacer frente al cambio climático, y cuando digo «solucionismo tecnológico» me refiero a esa visión propia de Silicon Valley, en la que todo se puede arreglar con algoritmos y tecnologías, como cuando en España se quería combatir en el coronavirus con una aplicación móvil. Este solucionismo es una herencia de la esperanza científico-tecnológica de la modernidad. Y es en ese solucionismo tecnológico donde podemos encontrar una de las contradicciones que genera la inteligencia artificial aplicada conjuntamente con otras nuevas tecnologías. Una de estas tecnologías basadas en inteligencia artificial es una tecnología que se está implementando en las grandes ciudades del mundo, y que va íntimamente ligada con la inteligencia artificial, el 5G. Más allá de las teorías conspiranoicas, existen realmente temas que deben ser tratados si hablamos de esta tecnología. Hasta ahora lo que se ha implementado en la mayoría de núcleos urbanos, bastante poblados, es el 4G, que es la tecnología que de cuarta generación en cuanto a tecnología de telecomunicación móvil. El 5G pues es la siguiente generación. Esta nueva generación ofrece mucha más velocidad de conectividad y redes mucho más densas, lo que significa también que se podrán implementar muchos más dispositivos y sistemas para recolectar todos aquellos datos que tengan algún tipo de valor, digitalizando y cuantificando todavía más el mundo que nos rodea. Hasta ahora ya engordábamos las bases de datos con nuestros teléfonos móviles y otros dispositivos con conexión internet, pero con el 5G todavía se podrán recolectar e interpretar muchos más datos, por ejemplo muchas de las aplicaciones gracias a las velocidades que ofrece esta nueva generación podrán ser ejecutadas mediante IA en la nube [2] . Otra aplicación que ofrece el 5G junto con la inteligencia artificial, es la colaboración entre robots y personas en los centros de trabajo, hasta ahora era posible, pero el sistema de redes que debían gestionar las empresas es complejo, y la latencia entre los inputs y los outputs de los robots era demasiado alta en muchos casos. Esto significa que a diferencia de la generación anterior, ya no habrá el problema de que las redes saturen por un acceso de dispositivos conectados, como pasaba frecuentemente en altas concentraciones de teléfonos móviles, como ocurría en el Camp Nou, en grandes conciertos o manifestaciones. Esto es gracias a la IA que utilizará este sistema para gestionar estas densas redes por lo que la densidad de dispositivos transmiten datos será prácticamente infinita [3] . El aumento de rendimiento de esta quinta generación es muy notable.

«Y es que el 5G representa un salto en el rendimiento equivalente a pasar de la era de aquellos módems de 56k de acceso telefónico, a las redes con fibra de alta velocidad que nos quitaron del mundo de los correos electrónicos a la transmisión de vídeo de alta definición y la videoconferencia» (Aretxabala, 2020)

Este aumento del rendimiento y eficiencia va también va ligado a un aumento importante consumo energético, y es ahí donde aparece una de las contradicciones más importantes. Desde la UE se quiere hacer creer que la implementación del 5G vendrá acompañado de las energías renovables y un mundo más limpio, pero como veremos más adelante esto no es posible que así sea. Para instaurar esta nueva generación en nuestros pueblos y ciudades, será necesario que por un lado se renueven todas las infraestructuras de las generaciones actuales como son las antenas, cableados, estaciones base, etc. Por otra parte, también será necesario construir y dedicar más centros de computación para poder gestionar estas redes. Todo ello implica una explotación minera, transporte, refinamiento de materias primas, y una gran cantidad de electricidad para refrigerar los grandes data centers. Antonio Aretxabala nos da estos datos:

La computación —sólo en la nube— usa ya alrededor del 2% de la electricidad producida en el mundo por todos los sistemas de generación eléctrica. La enorme red de inmensos centros de datos en los que se basa la computación en la nube, pide 100 veces la electricidad por unidad de superficie que por ejemplo un rascacielos moderno como el de Iberdrola en Bilbao. (Aretxabala, 2020)

Los servicios que están en la “nube” permiten que los dispositivos sean cada vez más pequeños y, a la vez, la energía consumen estos centros de datos no para de aumentar. El hecho de que llamemos la “nube” a grandes, pesados, muy arraigados en el suelo, incluso subterráneos y costosos centros de datos, es seguramente una vez más una estrategia para intentar ocultar las incomodidades que hay detrás y es que quizás de la única nube real de la que podemos hablar es la de las emisiones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero que suponen el mantenimiento de estos centros las veinticuatro horas al día.

Se produce en este campo una situación paradójica: la concentración de servicios online en centros de datos de gran escala cada vez más eficientes energéticamente ha contribuido a mejorar los niveles de consumo energético, digamos, por servicio; pero el aumento constante del tráfico de datos lleva a que se compensan estos incrementos de eficiencia. (Bellver, 2019) [4]

Estos centros de datos son clave tanto para el 5G como para el funcionamiento de la IA. Estos centros deberíamos entenderlos como grandes almacenes de datos, que pueden ser recogidos de varios sitios, estos datos son tratados y computarizados mediante algoritmos para obtener los resultados deseados. Por ejemplo, el sistema bancario mundial, es uno de los sectores que más utiliza esta tecnología, que le permite gestionar e interpretar grandes volúmenes de datos que ningún humano o equipo de humanos podría gestionar de otra forma. De esta forma puede aumentar el máximo el rendimiento de sus activos, realizando compraventas automatizadas, en función de las predicciones que pueden hacer estos sistemas basados en inteligencia artificial. Con el 5G la proliferación de estos centros [5] de datos será necesario, por lo que podría multiplicar por diez el consumo de energía respecto a la generación anterior.

[…] 5G puede triplicar el consumo de energía y quitarlo a diez veces más si se desean estándares de circulación de datos más ambiciosos […] En total, la infraestructura digital de hoy consume alrededor del 10% de la electricidad global , y las supuestas necesidades para seguir en el business as usual (BAU) crecen a un ritmo alarmante, cuyas expectativas parecen imparables, en particular debido a las demandas futuras de inteligencia artificial (IA), los robots, el internet de las cosas (IoT ) y la denominada industria 4.0. (Aretxabala, 2020).

Como vemos, todos estos datos nos dan otra cara de la moneda, que no siempre es visible. Por un lado, vemos cómo la digitalización se presenta como un proceso limpio, eficiente, y por otro vemos que las intenciones que tiene la UE para transformar la economía y las sociedades en una nueva era digital, es completamente incompatible con un mundo más sostenible y con la Agenda 2030 que se había propuesto. Con un último ejemplo, quiero que nos hagamos una idea de lo incompatible que es, la revolución digital que se tiene en la cabeza desde las instituciones europeas con el proyecto de una Europa más verde. Un barco de mercancías, que son esos grandes barcos que llevan contenedores como el que se quedó atravesado en el canal de Suez, consume 380 toneladas de combustible diarias. Este combustible no es refinado como el de los coches, sino que es negro y pastoso como el que dejó el Prestige en las costas gallegas. En el mundo navegan por los mares cada día 60000 (Delestrac, 2016) barcos de mercancías, y emiten un 2% de las emisiones de CO₂ mundiales cada año. En 2025 las emisiones de CO₂ de las TIC a nivel mundial emitirán un 6% de las emisiones de CO₂ (Nogueira 2020). Si el día de hoy ya emiten más CO₂ las TIC que los 60000 monstruos que navegan por los mares sin cesar, evidentemente el camino no puede pasar por un aumento de la digitalización, que a su vez aumentará también de forma colateral el aumento de la circulación de mercancías en estos buques.

La idea de que la digitalización con la ayuda de la inteligencia artificial son claves para frenar el cambio climático, ya que nos ayudará a ser más eficientes ya gestionar mejor nuestros recursos para tener un mundo más limpio y sostenible, es apostar por el solucionismo tecnológico. No son las tecnologías las que deben evitar el cambio climático, sino la reflexión y el replanteamiento de nuestro modo de vida. Del mismo modo, la mejora de las condiciones económicas europeas tampoco mejorará por ser más productivos. La capacidad de producir valor de occidente disminuye cuanto más tecnología se utiliza y menos trabajo vivo existe en los procesos de producción. Aumentar la productividad a costa de aumentar la tecnología y disminuir el trabajo humano, no es más que una solución a corto plazo, que se acaba traduciendo en mayor precariedad por la ciudadanía. Marx lo explica así:

[…]La creciente masa de riqueza material puede corresponder una caída simultánea de sobre magnitudes de valor. Este movimiento contradictorio nace del carácter doble del trabajo […] Todo trabajo se gasto de fuerza de trabajo humana en el sentido fisiológico, y en esta calidad de trabajo humano igual o de trabajo abstractamente humano constituye el valor de las mercancías.[. ..] (Marx, 2014)

De modo que el solucionismo tecnológico para resolver los problemas de la economía capitalista, no es más que seguir chutando el balón adelante de forma constante, con el agravante de que carga todo el peso al aumento constante de la explotación de recursos naturales.

Aquí es donde debemos volver al cuento de Borges. En el cuento vemos que los cartógrafos nunca se encuentran satisfechos con el nivel de precisión de sus mapas, lo que les lleva a hacer mapas más detallados pero mayores. Este mismo camino es el que se está siguiendo mediante el uso de nuevas tecnologías como el 5G y la inteligencia artificial. A medida que queremos obtener más datos sobre el mundo “analógico” evaporamos la realidad en la nube para hacerla más mensurable, y buscamos soluciones a los problemas mediante la tecnología, como plantea el capitalismo verde más nos encontramos en la situación de los habitantes de la ciudad apasionada por la cartografía, hasta el punto de que nos daremos cuenta ya en un día no tan lejano, que de aquellos faraónicos centros de datos, no serán más que ruinas de una civilización que no supo parar, que se movía en absurdidad de buscar soluciones en lo que le causaba los problemas.

[1] La búsqueda constante de nuevos campos donde poder producir, es una constante en los mal llamados países desarrollados. Esto es así debido a que en la mayor parte de occidente prácticamente ya no se producen mercancías, y por tanto hay que buscar constantemente nuevos mercados normalmente basados en los servicios, para intentar suplir esta carencia de producción con la que cargan las economías occidentales, y que junto con otros factores que desató la crisis de 2008.

[2] Un ejemplo para que lo entendamos podrían ser aplicaciones que utilicen realidad aumentada, como son los filtros de Instagram o Snapchat, pero esto llevado a un nivel mucho más elevado, ya que la conexión prácticamente sin latencia que ofrece el 5G permite que complejos cálculos que muchas veces no se ejecuten en la terminal móvil que es siempre muy limitada en hardware, y de esta forma se ejecuten en grandes centros de datos.

[3] Y la cantidad de datos personales que entregaremos de forma involuntaria también.

[4] Aquí se produce un efecto contradictorio, la paradoja de Jevons. Cuanto más eficiente es el uso de un recurso mediante el perfeccionamiento tecnológico, más probable es que se abuse de ese recurso. En España se implementó el gota a gota para ahorrar más agua, pero este ahorro no fue real, ya que lo que provocó es que aumentaran los cultivos y la demanda de agua aumentara.

[5] Data centers currently consume 200 terawatt hours por year – roughly the same amount as South Africa. Anders Andrae, en widely citado researcher en Huawei, ya que el número es libre para 4-5 times por 2030. Este debe escribir el cloud en el par de Japón, el cuarto-biggest energía consumer en el planeta. (Tarnfodd, 2019)

 

Bibliografía

Aretxabala, Antonio. UNA REFLEXIÓN MÁS EN TORNO AL 5G Y LOS RETOS DE NUESTRA ORGANIZACIÓN SOCIAL. 1 de julio de 2020. https://antonioaretxabala.blogspot.com/2020/07/una-reflexion-mas-en-torno-al-5g-y-los.html.

Bellver, Jose. «Costas y restricciones ecológicas al capitalismo digital.» Papeles , 2018: 77.

Freightened. The real price of shipping. Dirigido por Denis Delestrac. 2016.

Marx, Karl. El Capital. Madrid: Akal, 2014.

Nogueira, Raquel. Reducir el CO2 a golpe de clic. 21 de Diciembre de 2020. https://ethic.es/2020/12/internet-contaminacion-reducir-el-co2-a-golpe-de-clic/.

Nubiola, Jaime. Universidad de Navarra. 11 de 05 de 2020. https://www.unav.es/users/Articulo59.html.

Tarnoff, Ben. «To decarbonize we must decomputerize: why we need a Luddite revolution.» The Guardian , 18 de Septiembre de 2019.

 

 

Deja una respuesta